Casi un siglo de negocios latinos
Por Alfonso Aguilar Para El Tiempo Latino | 2/28/2012, 4:35 p.m.
El histórico negocio, Casa Pena, se encuentra en el mismo lugar en el que lo estableció Don Manuel: en el 1636 de la calle 17 (por meros cambios de numeración, hoy 1633), al noroeste de Washington, y conserva, remodelado, su rótulo original: “Pena. Spanish Store”.
“Nosotros en parte lo compramos por su carácter histórico”, dicen sus actuales propietarios Roberto y Marlene Dennis, él de Panamá, ella de El Salvador.
“Da gusto ser dueños del primer negocio en la historia de la comunidad, además este es el único lugar latino en el que hace parada el Old Town Trolley para que los turistas recorran el mercado y sepan que los latinos tenemos mucha historia en Washington”, añaden.
—¿Camino de los 100 años?
—Por ahí vamos —responden.
Los propietarios emprendieron una impecable remodelación, hasta donde lo permite el carácter histórico, y reunieron y pegaron muchos recortes y viejas fotos en una cartulina que ahora figura prominente a la entrada. No es ninguna obra de arte, reconocen, y por lo mismo tienen en mente destinar una sección del legendario lugar para darle vida a una galería que refleje su historia.
Años 30 y 40
En 1939 se estableció el que consideramos el segundo negocio latino sobreviviente en nuestra historia. Se trata de la Escuela Sanz, tan conocida hoy como su similar el Instituto Lado (1977), fundados respectivamente por Roberto Sanz y Roberto Lado. Es claro que la escuela pionera no fue concebida para ofrecer clases de inglés a los inmigrantes latinos, pues la mayoría de la comunidad pertenecía a misiones diplomáticas de la Unión Panamericana, que incluía “veintiún repúblicas americanas”, según la terminología de aquella época en que no existían conceptos como “latino” o “hispano”, ni siquiera el de “comunidad” ya que se prefería habla de “La Colonia Latino Americana” o “La Sociedad Hispanoamericana”.
Sanz se estableció para “preparar a los empleados del gobierno interesados en trabajar en el extranjero”, es decir, a quienes necesitaban aprender cualquier idioma distinto al inglés. Pero ya en los cincuenta es todo lo contrario: ahora le interesan los que no hablan inglés: los estudiantes extranjeros y con mayor interés la clase trabajadora latina recién establecida en torno a las sedes diplomáticas de la nueva OEA, a partir de 1948.
“En ese momento se da un rápido crecimiento de la comunidad porque los nuevos diplomáticos traen un personal numeroso, a diferencia de los embajadores ante la Casa Blanca, que usualmente tenían un chofer, un cocinero y algún ayudante”, recuerda la empresaria Adelina Callahan.
Cabe suponer que la Casa Pena y la Escuela Sanz no fueron los únicos dos negocios en los años 30 porque la primera publicación en español en el área, Spanish Home News, también fundada por Don Manuel en 1944, ya da cuenta de la existencia de varios de negocios latinos en esta década, algunos de los cuales habrían aparecido mucho antes, como asegura Callahan al recordar que ya existían los restaurantes El Madrilón (15 y New York Ave.) y El Toro (Connecticut Ave.).
En la histórica publicación se constata que en los 40 operaban en la capital restaurantes como Copacabana (1716 I St., al noroeste de la capital), propiedad de chilenos, que además era un centro de baile pues disponía de su propia orquesta, la del maestro Antonio Valencia; el Sudamericano, y que se autodescribía como “el rendezvous de los hispanoamericanos para olvidar la nostalgia de la Patria y del Hogar”. Además de el Río Grande, de un empresario mexicano llamado Narciso “Chicho” Díaz. Ambos locales estaban en la calle F, que era algo así como el “barrio latino” de su época.










