Quantcast
El Tiempo Latino
12:28 a.m. | 49° 4/19/2019

Ser mamá soltera nunca la detuvo


Kimberly Arriaga tuvo su beba a los 16. Hoy, a los 28 y a punto de graduarse, dice que todo es posible

4/5/2013, 11:48 a.m.
Ser mamá soltera nunca la detuvo
DECISIÓN. Kimberly Arriaga-Rivera en su casa de Herndon, en Virginia. Trabaja en la escuela Montessori de Reston y quiere abrir su propia institución. | Maritza Gueler/especial para ETL

Espacio para crecer

Opciones para ávidos adultos:

En Adult and Community Education (ACE), de las Escuelas Públicas de Fairfax ofrecen una diversidad de programas de estudios en las áreas de tecnología, salud y negocios, así como también certificaciones para técnicos en calefacción y electricidad. Se inscriben un promedio de 12.000 alumnos por año. En las carreras de negocios, que es un programa para empleados, ofrecen certificaciones en contaduría, asistente de contaduría, computación y teneduría de libros.

Los de salud, abarcan distintas áreas, inclusive, farmacia. “El área médica es la más pedida y es una de las que mayor salida laboral tiene”, confirmó Sheryl Granzow, del área administrativa de ACE de Fairfax County Public Schools. “En cambio las carreras de construcción, cayeron con la crisis del mercado inmobiliario. Aunque ahora están repuntando”.

Tenía 16 años, y era madre soltera. Había logrado terminar la escuela secundaria embarazada y estaba confundida. “Una madre soltera es difícil que termine la escuela secundaria”, afirmó Kimberly Arriaga-Rivera a El Tiempo Latino. “Yo preferí graduarme antes. Mis maestros estaban orgullosos porque tomé la decisión de terminar en lugar de esperar a que naciera mi niña”.

Hija de mexicano y salvadoreña, Arriaga-Rivera nació en Los Ángeles y llegó al área con sus padres en 1998, cuando tenía 13 años. La noticia de su embarazo fue un impacto para toda la familia. Su madre, que también fue madre soltera, sintió que se repetía la historia. Y su padre, la mandó a trabajar a las dos semanas del nacimiento de Amberly, su hija que hoy tiene 12 años.

Antes de quedar embarazada, Arriaga-Rivera tenía planes para su futuro profesional. Los veranos hacía cursos para tener mejores calificaciones. Y cuando terminó la secundaria, recibió una carta del presidente Bill Clinton, en la que le ofrecía opciones para seguir estudiando abogacía.

“Pero no quería pedirles a mis papás que me cuidaran la niña porque me sentía avergonzada y para mí era muy duro depender de ellos. Al mismo tiempo, tenía el apoyo incondicional de mis abuelos, que me apuntalaron en los momentos más difíciles”.

Un día de 2001, vio un artículo en “The Washington Post” sobre las madres solteras que terminaban de estudiar. Fue entonces cuando se decidió, y fue al Northen Virginia Community College. Hizo algunos cursos allí, pero no sabía qué carrera seguir. Tomó clases de matemáticas, de inglés, y trataba de encontrar su vocación mientras trabajaba medio tiempo como asistente de maestra.

“Pero con ese trabajo veía que no iba a llegar lejos”, comentó. Así fue como decidió llamar a Maureen Simmons, consejera educativa de Adult and Community Education (ACE), de las Escuelas Públicas de Fairfax. Llenó la inscripción en 2005 y se quedó esperando que hubiera una vacante y también, la posibilidad de conseguir ayuda económica para cursar. Recién en 2010 logró entrar.

“Todos los años volvía a llamar. No me di por vencida”, recordó.

Siempre quiso ser maestra o abogada y pensó que era mejor tomar un test vocacional. Y los resultados dieron que era buena en matemáticas, artes, contabilidad o asistente de administración. Optó por la contabilidad.

Hoy, Arriaga-Rivera, tiene 28 años y está a dos créditos de recibirse de asistente de contabilidad. La carrera dura entre dos y tres años, y es una de las tantas opciones que ofrece ACE. Cada crédito dura tres meses, y muchos de los alumnos de esta especialidad asisten medio tiempo porque por lo general, están trabajando y tienen una familia que mantener.

Su plan es ser asistente de contabilidad de la escuela Montessori de Reston, Virginia, donde trabaja actualmente como ayudante de maestra. “Espero alguna vez poder pagar los estudios de mi hija y no tener que sacar préstamos; comprar una casa, y también, después de mi experiencia con el sistema Montessori, me gustaría tener mi propia escuela”.

Arriaga-Rivera vive en Herndon, Virginia, con su esposo, que estudia ingeniería, con su hija y con sus padres. Trabaja 40 horas semanales, y cursa en el centro de ACE de Springfield tres veces por semana, de 6:30 a 9:30 pm. Para junio espera recibir su título.