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Una caravana recorre el país por migrantes

El sacerdote Alejandro Solalinde estará al frente
MISIÓN. El padre Alejandro Solalinde en El Tiempo Latino, el viernes 19 de abril. Aboga por los migrantes desprotegidos y ha enfrentado a los cárteles.

MISIÓN. El padre Alejandro Solalinde en El Tiempo Latino, el viernes 19 de abril. Aboga por los migrantes desprotegidos y ha enfrentado a los cárteles.

El Tiempo Latino con el Padre Solalinde

El Padre Alejandro Solalinde habla con El Tiempo Latino sobre los inmigrantes.

El Padre Alejandro Solalinde habla con El Tiempo Latino sobre los inmigrantes.

La Coalición Humanitaria Internacional Pro-Inmigrante, con sede en Chicago, inicia el lunes 29 de abril la “Caravana por la Esperanza” que recorrerá California, Arizona, Nuevo México, Texas, Louisiana, Georgia, Illinois, Virginia, Washington, DC (el 20 y 21 de mayo); y que terminará en Nueva York el 26 de mayo.

El eslogan de la caravana es “Justicia, respeto y dignidad” y aboga por los derechos humanos de los migrantes en tránsito, para que sean bien tratados.

Para esta iniciativa, la coalición cuenta con el apoyo del sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, fundador del albergue “Hermanos del Camino” en Ciudad Ixtepec, en Oaxaca, México, adonde llegan miles de migrantes de Centro y Sudamérica, en su camino hacia una vida mejor en Estados Unidos.

La Coalición se define como “una red internacional de defensores de los derechos humanos y de organizaciones pro-migrantes que tiene como objetivo atender las necesidades básicas y espirituales de las personas en tránsito, prevenir y denunciar las violaciones a los derechos humanos al igual que proteger a los defensores de los migrantes”.

Para hablar de la caravana y abogar por los migrantes, Solalinde —Premio Nacional de Derechos Humanos en México y amenazado de muerte por el temido cártel de Los Zetas— visitó DC el 19 de abril invitado por la Iglesia Unitaria Universalista de River Road en Bethesda, Maryland. Y habló con El Tiempo Latino.

“El Padre Alejandro Solalinde habló con la comunidad política y con organismos cívicos sobre la Caravana”, dijo a El Tiempo Latino, Isabel Castillo, del Comité Latino de la Iglesia Unitaria Universalista de River Road en Bethesda, Maryland, entidad que invitó al polémico sacerdote mexicano a DC.

“Ahora que los legisladores han escrito esas 844 páginas sobre la reforma migratoria, Solalinde siente que en todas esas páginas hay una visión del Norte y que se debe incluir la visión del inmigrante del Sur”.

Después de 30 años de servicio a la Iglesia Católica, y de luchar “contra la burocracia de la Iglesia”, Solalinde abrió el albergue de inmigrantes en Ixtepec, no sólo para interponerse a las violaciones a los derechos humanos de los indocumentados centro y sudamericanos, sino para “vivir el evangelio cerca de los que sufren”.

“En 2005, en Oaxaca, los sacerdotes nos reuníamos junto a las vías del tren y allí vi los trenes llenos de inmigrantes sucios, hambrientos y sedientos mientras esperaban el tren a Veracruz. Eso me creó una inquietud enorme”, explicó a El Tiempo Latino Solalinde, el viernes 19. “Pedí permiso al obispo para trabajar con los migrantes. Yo ya le había dado 30 años de mi vida como párroco y creía que era justo que viviera el evangelio a mi manera”.

Solalinde se movía siguiendo su conciencia y contra las normativas de la institución eclesiástica.

“Le dije al obispo que si él no estuviera encargado de llenar parroquias y fuera Jesús, no me metería en una parroquia a hacer más de lo mismo, sino que me encargaría de trabajar con los migrantes”, añadió Solalinde.

México comparte con Estados Unidos 3.000 km de frontera que se extiende desde el océano Pacífico hasta el Atlántico y por el sur, México comparte fronteras con Guatemala y con Belice. Estas fronteras han sido en los últimos años el escenario de los crímenes más atroces contra los inmigrantes. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, este país ha visto 22.000 migrantes secuestrados en 2011, alrededor de 70.000 migrantes centroamericanos desaparecidos en su paso por México y alrededor de 100.000 muertes atribuidas a la guerra de las drogas.