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Una persona de 123 años vive en Bolivia


Carmelo Flores Laura es aymara y vive en una aldea de los andes

AP | 8/18/2013, 11:33 a.m.
Una persona de 123 años vive en Bolivia
Carmelo Flores Laura, un indígena aymara, habla fuera de su casa en la aldea de Frasquia, en Bolivia. Si los registros públicos de Bolivia son correctos, Flores es el hombre vivo más longevo del mundo y el más viejo registrado en la historia. De acuerdo con los registros cumplió 123 años en julio. (AP foto/Juan Karita) | (AP foto/Juan Karita)

FRASQUIA, Bolivia (AP) — Pensamos encontrarlo tullido en una cama y con los extravíos mentales que trae la vejez, pero bajó de la pendiente montañosa por un sendero pedregoso sin bastón, saludó con la mano alzada, se sentó en una roca y comenzó a conversar amigablemente.

Carmelo Flores Laura parece una momia viva. Cumplió 123 años el 16 de julio, es aymara y vive en una aldea de los andes bolivianos aislada del mundo y a 4.000 metros sobre el nivel del mar. Toda su vida comió alimentos naturales que él mismo cultivó al pie de los nevados.

El Registro Cívico del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia dijo a The Associated Press que Flores es el hombre más longevo del país y que sus documentos son válidos. Según el libro Guinness de récords la persona viva más vieja del mundo es la japonesa Misao Okawa, de 115 años, mientras que la persona más longeva de la historia fue la francesa Jeanne Calment que murió en 1997 a los 122 años y 164 días.

"Estoy andando así nomás, solito ando con los animales (por el cerro). No comía ni fideo, ni arroz, sólo cebada; cultivaba papa, habas... ahora hay todo para comer", dijo Flores a la AP. A veces siente dolor de cabeza y estómago, sobre todo cuando come fideos, y recuerda haber consultado un médico en su juventud.

Vive en una choza de adobe con techo de paja y piso de tierra como casi ya no existe en el altiplano. Bebe agua que baja de la cordillera. Hace tres años tiene electricidad y letrina aunque él está habituado a usar el descampado. Algunas veces se cocina en fogón que atiza con paja brava y en ollas de barro. Piensa que el kerosene es lo más moderno que hay para cocinar pese a que ya no se usa como combustible doméstico.

"Tenía ovejas y comía eso, antes no había kerosene, sólo con la grasa de cordero cocinaba... debo tener cien años o más", dice, pero sus recuerdos son vagos. En su juventud se alimentaba de carne de zorro que cazaba, ahora casi desaparecido, y dice que le gusta la carne de cerdo. Todavía lamenta la muerte de su esposa hace más de 10 años.

Frasquía, su comunidad, es una aldea de una decena de casas dispersas de agricultores pobres a dos horas de caminata de Warisata, el pueblo más cercano, distante a su vez 80 kilómetros de La Paz. Desde su casa se ve en el horizonte el lago Titicaca teñido de rojo al caer la tarde.

Flores tuvo tres hijos de los cuales sólo vive el menor Cecilio, de 67 años; tiene 40 nietos y 19 bisnietos pero la familia se halla dispersa, dijo a la AP su nieto Edwin Flores de 27 años, albañil y agricultor y el único que vive con el anciano junto a dos hijos suyos.

El registro biométrico del padrón nacional dice que Flores nació el 16 de julio de 1890 y que es analfabeto. No habla español, sólo aymara, pero su voz es firme. Es menudo y no usa lentes. "Un poco oscuro veo, antes tenía buena vista pero te veo caminando", dice a reporteros de la AP. Escucha poco, hay que hablarle al oído, no tiene dientes pero mastica con las encías todo el tiempo hojas secas de coca, como todos los indígenas de la región, para despejar el cansancio y aguantar el hambre.