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Las múltiples realidades de Cuba

La política sigue diviendo a la sociedad isleña
Los murales con consignas revolucionarias son una constante en La Habana.

Los murales con consignas revolucionarias son una constante en La Habana.

En Cuba, todo depende del cristal con que se miren las cosas.

Para muchos isleños, los días transcurren lentamente, bajo un sol abrasador. Luego de medio siglo de gobierno comunista, el tiempo parece congelado en las fachadas de mansiones coloniales venidas a menos, el cromo de los automóviles de la década de 1950 y un reloj que no funciona en el aeropuerto. Y no sienten apuro alguno.

Otros dicen que el ritmo de la vida se ha acelerado mucho en los tres años que han pasado desde que el presidente Raúl Castro exhortó a la población a apoyar sus reformas "sin prisa, pero sin pausa". De repente aumentó el tráfico en las calles de La Habana. Hay que cumplir con compromisos, resolver asuntos privados y otras cosas.

"Yo hallo que este año se ha ido más rápido que nunca. Estamos viviendo tiempos acelerados", expresó Antonio Hernández, un empleado de mantenimiento de 57 años. "Uno se levanta por la mañana y... ¡ya estamos en diciembre!".

La sensación de que todo se acelera le recuerda a mucha gente otras épocas. Los años que siguieron a la revolución de 1959 fueron un período sumamente agitado, en el que Fidel Castro y sus rebeldes armados derrocaron a Fulgencio Bautista.

En poco tiempo Castro nacionalizó las empresas privadas. El nuevo gobierno comunista movilizó los maestros de toda la nación para poner la educación al alcance de los más pobres y no mucho después declaró que había erradicado el analfabetismo. La fallida invasión de Bahía de Cochinos fue seguida por un embargo económico de Estados Unidos y por la Crisis de los Misiles.

A los cubanos se les garantizó vivienda, comida, atención médica y trabajos sin tomar en cuenta su desempeño. Hubo períodos de auge seguidos por otros de crisis, se fantaseó en torno a la producción azucarera, se lanzaron campañas militares en Africa y se forjó un fuerte vínculo con todo lo que fuese soviético hasta la desaparición de ese bloque. Acto seguido, la vida casi se detuvo por décadas. La gente se dejó estar. La producción decayó. El tiempo se tornó estático. Los resultados fueron por momentos enloquecedores.

Los cubanos pasaron años en listas de espera para conseguir autos y viviendas, o hicieron cola por horas para comprar alimentos y artículos para el hogar, a veces sin saber si estaban disponibles. Una lluvia era razón suficiente para no ir a trabajar en este país tropical.

A algunos ese ritmo de vida les encantó. No había necesidad de manejar rápido porque no los esperaban en ningún lado. No había apuro por contestar correos electrónicos porque pocos tenían acceso a la internet y nadie hubiera dicho que jugar al dominó con amigos un domingo por la tarde era una pérdida de tiempo, ya que era un hábito que cultivaron por 40 años.

El tiempo se detuvo también en la política. En otros países un cambio de gobierno a menudo conlleva una nueva era. Los gobiernos de Ronald Reagan y Barack Obama en Estados Unidos, el de Margaret Thatcher en Inglaterra. En Cuba llevaban n casi 50 años de gobierno comunista dirigido por Fidel Castro y sin la menor perspectiva de cambios.