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Los 15 años en América Latina


1/10/2013, 2:19 p.m.
 Los 15 años en América Latina
De izquierda a derecha, Saray Enríquez Ortega, Diana Gutiérrez Enríquez y Mónica Enríquez Hernández, quinceañeras. | EFE

México- Transición que marca el paso “de niña a mujer”, cumplir 15 años en América Latina es un evento formal con familia y amigos y supone la entrada en sociedad con brillantina, chambelanes y vestidos de princesa. La niña se despide de los osos de peluche para celebrar que ya es una señorita con derecho a enamorado. Una “boda” prematura que se empieza a preparar un año antes.

Si Walt Disney levantara la cabeza, la volvería a bajar. Los famosos cuentos de princesas y brujas, hadas y calabazas se han distorsionado tanto que han desembocado en los “remakes” más kitsch del momento. Miles de adolescentes latinas sueñan con su fiesta de 15 años. Con suerte y dinero, ese día podrán lucir vaporosos vestidos con diez centímetros de tacón, para ver la vida desde otra perspectiva: la de quien empieza a modificar la dulce e ingenua mirada de niña por una mirada más pícara y adulta.

15 AÑOS EN CAPULHUAC.

Pero no solo estas deslumbrantes jovencitas son protagonistas en el día señalado. No. Los padres muestran orgullosos a sus retoñas y se visten de luces para la ocasión. Peluquería, modista, manicura, pedicura, nervios, regalos, catering, desembolso económico, reserva de local…Todo se empieza a preparar un año antes, cuando las niñas aún juegan con osos de peluche y al ver a un chico guapo ni se inmutan.

La celebración de los 15 años es una fecha muy importante para las mujeres de América Latina y para las de habla hispana radicadas en Estados Unidos. Se trata de un festejo solo superado en grandilocuencia, tal vez, por las nupcias.

El pueblo se llama Capulhuac, “Canal de capulines” en náhuatl. Está ubicado en el Estado de México y tiene 30.838 habitantes. Es un lugar pintoresco, con casas bajas de colores y cientos de puestos de tacos. De una casa baja salen risueñas y sin maquillar las cumpleañeras, que son primas entre sí y están muy unidas desde pequeñas. Diana Gutiérrez y Saray Enríquez están en Primero de preparatoria y Mónica Enríquez en Tercero de secundaria.

Ese día, las tres madrugan, desayunan y empiezan el “making of” de la fiesta. El programa del evento incluye una ceremonia en la iglesia de San Bartolomé Capulhuac. Las tres, colocadas frente al altar, escuchan el sermón de un cura aparentemente progresista. Aparte de recordar que a partir de ahora les tocará asumir mayores responsabilidades, brinda dos consejos, uno de carácter productivo y otro de carácter preventivo: estudiar una carrera, porque “es muy importante estar formado” y en segundo lugar, “no tener novio, que una persona no está realmente preparada hasta los 25 años, que es cuando uno ya tiene la cabeza amueblada”.

Acto seguido reciben la comunión y una medallita de oro cada una, previamente bendecida por el cura. Empieza así la parte menos religiosa de la fiesta.

Al banquete, preparado en un inmenso salón del centro del pueblo, llegan más de 800 invitados que van a degustar unos platos preparados con sumo amor por una de las primas mayores de las quinceañeras.