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Reforma migratoria ilusiona a hijos de deportados


Esperan volver a reunirse con sus padres

Redacción, AP | 6/3/2013, 6 a.m.
Reforma migratoria ilusiona a hijos de deportados
Eddi Cristóbal, de 17 años (atrás a la izquierda), posa el 14 de mayo de 2013 en Homestead, Florida, con sus hermanos y una tía, Donatila Diego (atrás al centro), quien los cuida después que la madre de los menores, Rufina Cristóbal, fue deportada a Guatemala en 2009. Los demás son, de izquierda a derecha, Michael Cristóbal, de 9 años, Jonathan Cristóbal, de 8, y Brenda Ramirez, de 15. | AP

Hay días que José Machado se siente tan deprimido que se tira a llorar en el sofá de su pequeño apartamento, abrumado por la angustia que le provoca la ausencia de su madre, una nicaragüense deportada hace dos años por estar en Estados Unidos sin papeles.

José, que acaba de cumplir 18 años, extraña decirle "hola" cada mañana, contarle cómo le fue en la escuela, darle un abrazo, comer lo que ella cocina, escuchar sus consejos. Quisiera que su mamá esté con él para su graduación del colegio secundario, este mes.

Evelyn Rivera, de 24 años, no ve a su madre desde hace seis años, cuando la detuvieron por manejar sin licencia mientras la acompañaba en el automóvil rumbo al trabajo. Su sueño es volver a ir al cine, a su restaurante favorito y al parque con ella. Hablar largo y tendido como amigas, abrazarla, besarla. Que vuelva desde Cali, Colombia.

Eddi Cristóbal también siente el peso de la ausencia de su madre. Cuando la repatriaron a Guatemala, hace cuatro años, le prometió cuidar a sus tres hermanitos y desde entonces intenta hacerlos reír siempre que lloran, lo que sucede casi a diario. Todos los días hablan con ella y aunque su tía los ha llevado a vivir con ella, extrañan a la mamá.

Al igual que José, Evelyn y Eddi, miles de chicos que han sido separados de sus padres confían en que sus familias se vuelvan a reunir si se aprueba una reforma a las leyes de inmigración que resuelva la situación de unos 11 millones de extranjeros que se cree están en el país sin papeles.

Como sus padres, algunos de estos chicos tampoco tienen papeles, otros son ciudadanos estadounidenses o residentes, pero a pesar de su diferente situación migratoria, todos comparten el mismo sufrimiento: han sido separados de sus padres, que en la mayoría de los casos llegaron al país en busca de un futuro mejor y se quedaron de manera ilegal.

Mientras el Senado debate un proyecto de reforma, estos chicos sueñan con abrazar a sus padres, reír y llorar con ellos, sentir el olor de su piel, confesarles sus penas y sus alegrías mirándolos a los ojos.

"No hay nadie que pueda sustituirla. La persona que siempre va a estar incondicionalmente es la mamá. Eso no se puede reemplazar", aseguró Machado.

"Estoy confiando, optimista. Prefiero que ella se quede acá y poder decirle 'hola' todos los días. Extraño la comida, me hace falta una persona en casa que me pregunte como te fue hoy, una persona para contarle todas las cosas y confiar. Tener el amor en la casa", dijo el joven a The Associated Press en una entrevista en un modesto apartamento que renta con ayuda estatal.

Las deportaciones han aumentado durante el gobierno de Obama, a un promedio de 400.000 personas por año, según información de la Policía de Inmigración y Control de Aduanas. En 1990 fueron 30.000.

No existen estadísticas oficiales disponibles sobre la cantidad de familias que han sido divididas por la deportación de los padres y los organismos defensores de los derechos del inmigrante sin papeles tampoco tienen cifras.