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Honduras: jefe policial niega escuadrones de la muerte


Dice que no existen esos grupos parapoliciales

El Tiempo Latino/Redacción, AP | 11/4/2013, 6 a.m.
Honduras: jefe policial niega escuadrones de la muerte
En esta fotografía del 3 de julio de 2012, el jefe de la policía de Honduras, general Juan Carlos Bonilla, al centro, habla durante una conferencia de prensa en Tegucigalpa, Honduras. El general de cinco estrellas fue acusado hace una década de operar escuadrones de la muerte y en la actualidad supervisa un departamento sospechoso de golpear, matar y “desaparecer” a sus detenidos. También es el principal policía en el país por el que pasa la mayor parte de la cocaína sudamericana que se dirige a Estados Unidos y otras partes. Además Bonilla es el hombre al que recurre el gobierno estadounidense en la guerra contra el narcotráfico. | AP

Bonilla dice que es consciente de las acusaciones de que la policía desaparece o asesina sospechosos pero insiste en que todos los casos son investigados y defiende a la institución y a sus miembros. Los excesos "existen, sí. Los investigamos y actuamos", dijo. "No puede usar un concepto como 'escuadrones de la muerte' porque no hay cadena de mando ni una orden que yo haya dado, nunca, bajo ninguna circunstancia, de actuar ilegalmente".

"Se trata de la institución en la que he pasado toda mi vida y le soy leal", dijo.

Su figura es imponente, atlética, de más de 1,80 metros, con la cabeza rapada y una gran nariz que encaja en su cara angulosa. Su voz es como la tormenta que nace desde la profundidad de una caverna, primero con lentitud y atropellándose a medida que se acelera.

A lo largo de toda una tarde y hasta entrada la noche, Bonilla se refirió en numerosas ocasiones al apoyo que recibe de la Embajada de Estados Unidos para las operaciones policiales. Llegó a ordenarle a un subordinado que localizase a un policía probablemente vinculado a narcotraficantes. "Quiero saber dónde está", dijo. "Hay que localizar sus números e intervenirlos. Le pediré ayuda a la Embajada".

Esa proximidad contradice un informe del Departamento de Estado enviado al Congreso poco después de que fuera nombrado Director de la Policía hondureña en el que dice que era "consciente de las acusaciones de violación a los derechos humanos vinculados al servicio del jefe policial Juan Carlos Bonilla hace una década".

Un informe del Departamento de Asuntos Internos de la policía de Honduras acusó a Bonilla en 2002 de tres asesinatos o desapariciones forzadas entre 1998 y 2002, cuando era inspector general de prisiones. También le vinculaba con al menos otros 11 casos en lo que se llamó una política de "limpieza social" dirigida a combatir el crimen. Fue juzgado por uno de ellos y absuelto. El resto de los casos no han sido investigados.

El Departamento de Estado decidió abrir su propia investigación y dijo, en un informe, que "limitaba cuidadosamente la ayuda a unidades especiales de las fuerzas hondureñas encargadas de hacer cumplir la ley... que no se encuentran bajo supervisión de Bonilla". En marzo, el Secretario de Estado Adjunto, William Brownfield, reiteró que "no tenemos relaciones con él, no le damos un dólar, ni un céntimo de dólar".

Bonilla afirma que no existen unidades policiales que no estén bajo su supervisión. Catorce meses después, la investigación de los Estados Unidos no ha finalizado. Funcionarios de ese gobierno dicen que ninguna ley impide hablar con Bonilla y que es necesario hacerlo en un país en el que aterrizan el 87% de los vuelos de transporte de cocaína que salen de América del Sur. Dos tercios de la ayuda de 30 millones de dólares que fue retenida por el Senado dadas las preocupaciones de derechos humanos, impunidad del sistema de justicia y sobre el General Bonilla, han sido liberados.