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Masacre en Navy Yard muestra vulnerabilidad

Alarman detalles sobre la salud mental del autor de la matanza. El 22, Obama asiste a una ceremonia por las víctimas
OPERATIVO. Por aire y tierra, militares y efectivos locales y federales controlaron el lunes 16 la zona de la masacre, en el noreste de DC.

OPERATIVO. Por aire y tierra, militares y efectivos locales y federales controlaron el lunes 16 la zona de la masacre, en el noreste de DC.

LAS VÍCTIMAS

Aaron Alexis mató a 12 trabajadores en el Navy Yard. La mayoría eran civiles y tenían más de 20 años en sus puestos.

• MICHAEL ARNOLD. 59 años. Lorton, Virginia.

• SYLVIA FRASIER. 53 años. Waldorf, Maryland.

• KATHY GAARDE. 62 años. Woodbridge, Virginia.

• JOHN ROGER JOHNSON. 73 años. Derwood, Maryland.

• FRANK KOHLER. 50 años. Tall Timbers, Maryland.

• KENNETH BERNARD PROCTOR. 46 años. Waldorf, Maryland.

• VISHNU PANDIT. 61 años. North Potomac, Maryland.

• ARTHUR DANIELS. 51 años. Washington, DC.

• MARY FRANCIS KNIGHT. 51 años. Reston, Virginia.

• GERALD READ. 58 años. Alexandria, Virginia.

• RICHARD MICHAEL RIDGELL. 58 años. Alexandria, Vurginia.

• MARTIN BODROG. 54 años, Annandale, Virginia.

HERIDOS: Tres personas resultaron heridas, entre ellas un policía de DC.

• OFICIAL SCOTT WILLIAMS. El oficial de la Policía Metropolitana de DC, recibió múltiples balas en las piernas. Reportes dicen que su pronóstico es delicado.

A medida que se dan a conocer más detalles sobre la conducta violenta y salud mental de Aaron Alexis—autor de la matanza el lunes 16 en el Navy Yard de DC— surgen preocupaciones sobre el tema de la seguridad.

El miércoles 17, el secretario de Defensa Chuck Hagel, ordenó al Pentágono realizar dos investigaciones para determinar las razones por las que Alexis recibió un pase de acceso a las bases navales, a pesar de haber sido dado de baja como marino por mala conducta y por haber protagonizado dos incidentes con la policía.

Hagel anunció la creación de un grupo independiente con el objetivo de “cerrar todas las brechas” en el sistema tras la matanza que cobró 12 víctimas.

El secretario de Defensa aseguró que se harán todas las correcciones para mejorar la seguridad. “Donde haya lagunas, las taparemos. Cuando existan insuficiencias, nos encargaremos de ellas, y donde haya fallas, las corregiremos”, manifestó.

A la vez, el mismo miércoles, el Departamento de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés) emitió un comunicado en el que dijo que Alexis visitó dos salas de emergencias de los hospitales de veteranos en agosto, por un problema de insomnio. Sin embargo, el pistolero les dijo a los doctores del VA que no estaba deprimido y que no pensaba hacerse daño a sí mismo ni a otros, señaló el comunicado.

Las investigaciones sobre el motivo de la masacre —la tragedia más grande en DC, desde que se estrellara un avión en el Río Potomac en 1982— se concentran en la salud mental de Alexis.

En medio del dolor de toda una comunidad, el domingo 22 el presidente Barack Obama asistirá a un servicio religioso para rendir tributo a las víctimas.

Incógnitas y debate tras la masacre en DC

Aaron Alexis ingresó la mañana del lunes 16 al edificio 197 del comando naval en DC, Navy Yard —el más numeroso, con 3.000 empleados—, sin levantar sospechas de nadie. El reservista militar que tenía una identificación válida ingresó en su mochila una escopeta Remington 870, que había comprado en una tienda de Lorton, Virginia.

Minutos después, sobre las 8:15 am el hombre, de 34 años, inició la matanza más trágica en la capital de la nación. Desde el cuarto piso del edificio militar bajó disparando indiscriminadamente. Al final, mató a 12 personas e hirió a varias, incluido un oficial de la Policía de DC.

Luego, Alexis cayó abatido.

Días después de la masacre que paralizó a la capital —canceló debates en el Congreso y celebraciones del Mes de la Herencia Hispana en la Casa Blanca—, surgen una serie de incógnitas, que reavivan el eterno debate sobre el control de armas.

El martes 17, al día siguiente de la tragedia salió a relucir el historial de problemas mentales de Alexis, y la lista de acciones disciplinarias durante su tiempo de servicio en la marina. Así como también sus tres arrestos en menos de una década, dos de ellos relacionados con incidentes de armas.

El ex asistente de dirección del FBI John Miller, dijo a la prensa que Alexis “tenía problemas mentales por lo que pidió ayuda al Departamento de Veteranos varias veces. Tenía episodios (de descontrol) por los que estaba tratando de conseguir tratamiento”. “Dijo que oía voces, perdía la conciencia de la realidad en ciertas ocasiones”, agregó Miller.

La inquietante realidad de Alexis cayó y casi desapareció entre las grietas del sistema. Las leyes federales de control de armas prohíben a las personas con una enfermedad mental comprar un arma. Pero para hacer efectiva esta norma, las personas tendrían que haber sido declaradas mentalmente enfermas por un juez. Y para que esa información aparezca en la base de datos para revisar los antecedentes de los compradores de armas, la persona tendría que haber sido reportada al FBI.

Esto no sucedió con Alexis. Nadie lo juzgó, diagnosticó o identificó como una persona potencialmente peligrosa. Y así continuó trabajando como contratista en complejos y bases militares.

De otro lado, el tema de seguridad y las fallas de vigilancia vinculadas a los recortes federales salieron a relucir en boca del alcalde de DC, Vincent Gray. “Los cortes son para ahorrar dinero del Gobierno federal y así es como somos mezquinos en tareas como ésta y ponemos a la gente en peligro”, dijo Gray a la cadena CNN.

Mientras el debate continúa, algo que tal vez nunca se pueda saber es el móvil que motivó a este hombre a matar a quien se le cruzara en su camino en el complejo de la marina en el que trabajaba.