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Encuentran el amor en la iglesia


José Arnoldo y María Luisa se vieron por primera vez en una iglesia cristiana de DC. Hoy son matrimonio

Maritza Gueler/Especial para El Tiempo Latino | 4/7/2014, 10:45 a.m.
Encuentran el amor en la iglesia
BODA. El amor de José Arnoldo y María Luisa fue bendecido por la iglesia cristiana de Columbia Heights en la que se conocieron. | Cort. Navarro

Cerca de diciembre de 2012, el salvadoreño José Arnoldo Romero, viajó de Nueva York a Washington DC para visitar a su hermana. Un día, un primo lo llevó a la iglesia cristiana fundada por Marlyne Flores en el barrio de Columbia Heights, y allí conoció a otra salvadoreña que, como él, también era de La Unión. Los días fueron pasando y siempre se encontraban en la misma iglesia.

Al poco tiempo, se dieron los números de teléfonos y comenzaron a verse con más frecuencia. Romero decidió aprovechar los tres meses de receso de la empresa de jardinería para la que trabajaba y se quedó en el área para conocer un poco más a su compatriota, María Luisa Flores.

Ella, había llegado a Maryland con su hermana Marlyne y su hijito pequeño en 1988 para encontrarse con su madre. Él, hace apenas siete años que llegó a este país y se instaló en Nueva York.

María Luisa vio que estaba solo, y un día lo invitó a su casa, donde vive con su mamá. Preparó una cena que, de alguna manera, marcó el comienzo del romance. Al poco tiempo él se decidió a pedir su mano. Habló con la madre de la novia y le dijo que su intención era casarse con María Luisa.

Cuando le tocó el momento de regresar a Nueva York, los dos decidieron que se iban a dar la oportunidad de conocerse más y de seguir en contacto. Y se pusieron de novios. “Lo que me gustó de él fue que iba a la iglesia”, dijo Flores. “Y como los dos estábamos solos, sentí que podía ser nuestra oportunidad para empezar una nueva vida juntos”. Y él sintió lo mismo.

Así, entre viajes a Nueva York y a DC, en ocho meses, el 26 de octubre de 2013, se casaron en la iglesia la Casa del Alfarero, de Silver Spring, Maryland, donde María Luisa asiste al servicio religioso desde hace 17 años. Lo fundamental para los dos es el vínculo que tienen con Dios y con la religión.

“Por eso, cuando pensamos en formalizar nuestro noviazgo, decidimos hablar con el pastor de la iglesia para decirle que nos íbamos a tratar”, recordó María Luisa. “En nuestra iglesia tenemos que comunicarle estas cosas al pastor, no podemos empezar una relación sin su aprobación”.

Al poco tiempo, María Luisa se compró el vestido, un traje color beige muy clarito; después fueron por los anillos, de oro blanco, y volvieron a pedirle la bendición al pastor. Tomaron la clase requerida para los matrimonios y comenzaron los preparativos para la boda.

Los adornos para la iglesia y el restaurante los hicieron los amigos y parientes. El color elegido: el preferido de María Luisa, verde agua. “Porque para nosotros es símbolo de vida, y me gusta mucho el verde”, afirmó la novia. Una hermana de la iglesia la ayudó con la selección de los tonos y los colores para que todo combinara sin estridencias y con absoluta sencillez. Y además le organizó el “paso a paso” para que pudieran llegar con todo listo al día fijado para la boda.