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Hondureños deportados: el duro regreso a casa


Deben enfrentar violencia y discriminación

El Tiempo Latino/Redacción, AP | 8/4/2014, 6 a.m.
Hondureños deportados: el duro regreso a casa
Elsa López (der) llora al recibir a sus nietos Sandra y César, quienes fueron interceptados en la frontera con Estados Unidos y devueltos junto con su madre a Tocoa, Honduras. Foto del 19 de julio del 2014. (AP Photo/Esteban Félix) | AP

Tocoa.— Honduras. Elsa Ramírez ya había perdido a dos hermanos a raíz de la violencia que azota esta remota región caribeña cuando compañeros de trabajo involucrados en el narcotráfico asesinaron a su esposo hace cuatro meses.

Los asesinos fueron entonces por ella.

Ramírez había visto mensajes en Facebook y había oído de parientes que las madres que viajan a Estados Unidos con sus hijos podrán permanecer en ese país si logran cruzar la frontera. Decidió entonces partir hacia el norte con su hijos Sandra, de ocho años, y César, de cinco y quien se llama igual que su difunto padre.

Dos semanas y miles de kilómetros más tarde, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos había devuelto a Ramírez a la tierra de la que había huido en la provincia hondureña de Colón. La mujer seguía temiendo ser asesinada por la misma gente que mató a su esposo y ahora no tenía ningún plan para salir de esa pesadilla.

"No me quería venir pensé", expresó. "No le voy a poder cumplir los sueños a mis hijos. Me decían vas a trabajar para que nos compres un teléfono, una computadora y juguetes. Yo les decía que sí y lo que pudiera les iba a dar. Ahora ya no va ser así".

Abrumadas por la cantidad de mujeres y niños no acompañados que están cruzando ilegalmente la frontera, las autoridades estadounidenses intensificaron las deportaciones de centroamericanos. Ramírez fue una de 58 mujeres y niños enviados la semana pasada a San Pedro Sula, considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo.

La inmigración ilegal de familias sobre todo centroamericanas y de menores sin sus padres alcanzó su máxima histórica este año al circular rumores de que los niños y las mujeres con menores podrían permanecer en Estados Unidos a la espera de que se resolviese su situación, lo que podía tomar años debido a los atrasos en la tramitación de estos casos. Más de 55.000 familias y de 57.000 menores no acompañados han llegado desde el 1ro de octubre y el gobierno de Barack Obama respondió ampliando la capacidad de alojar a inmigrantes detenidos y aumentando las deportaciones de familias, con lo que se procura desalentar más llegadas.

Durante un viaje en camión de seis horas a Tocoa, un valle agrícola donde abundan las mansiones, Ramírez describió la vida en una región donde nada genera las ganancias del narcotráfico. Un hermano fue asesinado en una disputa familiar y otro cuando fue a cobrar una deuda. Su esposo trabajaba en vuelos clandestinos con cargamentos de cocaína y una vez ganó 4.000 dólares en un solo día. A veces guardaba drogas en su modesta vivienda.

"Tengo miedo, porque cuando uno está involucrado en eso le pueden hacer algo a tu familia", dijo Ramírez.

La provincia de Colón es el centro de las operaciones de narcotráfico en Honduras, que se extienden por provincias caribeñas que son de las más peligrosas en un país con la tasa de asesinatos más alta del mundo. En el 2012 la DEA (Departamento Antidrogas Estadounidense) lanzó la Operación Anvil para combatir el flagelo, pero la suspendió tras la muerte de dos pilotos y cuatro civiles y los vuelos continúan.