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Sobrevivió al abuso sexual que experimentó en su niñez


Benner Guillermo fue violado desde los 7 años hasta los 14. Hoy escribe su historia y ayuda a otros

Milagros Meléndez-Vela | 3/14/2014, 6:09 p.m.
Sobrevivió al abuso sexual que experimentó en su niñez
Benner Guillermo, de 26 años, acaba de publicar su libro “El Dolor del Grito”, en junio de 2014. | Milagros Meléndez-Vela

Washington, DC.- Benner Guillermo se sentó a escribir como parte de una terapia para “arrancarse” del corazón los años de silencio que mantuvo tras haber sido violado desde que era un niño de 7 años hasta cumplir los 14, en su natal Guatemala. No imaginó que el relato —que pensó quemar al terminarlo— le tomaría meses, lágrimas y mucho menos que se convertiría en un libro.

“Empecé a escribirlo en Guatemala y acabo de terminarlo recién en febrero en Estados Unidos”, contó Guillermo, quien emigró en 2013 a Maryland para reencontrarse con su madre y hermanas.

“Cuando puse el punto final lloré mucho... Estaba cerrando un capítulo doloroso de mi vida y empezando uno nuevo con el cual sé que puedo ayudar a muchas personas”, añadió el joven de 26 años, residente en Suitland, condado de Prince George’s.

En las hojas quedaron plasmados detalles del abuso sexual cometido por un amigo de la familia y la lista de secuelas que estas violaciones desencadenaron en él: desde su tartamudez y aislamiento hasta problemas con el alcohol, drogas, doble personalidad e intento de suicidio.

“Todo empezó cuando yo tenía apenas 7 años. Mis tres hermanas y yo vivíamos en una casa grande de unos 20 cuartos con mis padres, abuela, tíos y primos mayores, quienes tenían un amigo de unos 18 años”, narró al señalar que sus padres eran negociantes y vivían en el municipio Cobán del departamento de Alta Verapaz, a unas 130 millas de la capital.

“Yo estaba jugando con mis carritos en el estacionamiento cuando este amigo, muy querido por la familia, se me acercó por atrás, me bajó los pantalones y me violó contra la pared. Yo no entendía lo que estaba pasando. Me dijo que los amigos que se quieren se trataban así”, recordó.

No es raro que una persona cercana a la víctima sea quien la abuse. En el 66 por ciento de las violaciones en Estados Unidos, las víctimas conocen a su abusador, según un estudio nacional publicado por el Rape and Incest National Network.

La misma estadística señala que uno de cada cuatro abusos ocurren en el hogar de la víctima.

“En mi casa nadie se daba cuenta de lo que sucedía. Mis padres estaban trabajando casi todo el tiempo y quedámos al cuidado de una nana”.

Los abusos para Guillermo continuaron, sin que pudiera contarle a alguien lo que estaba pasando, un hecho común que ocurre con la víctimas pequeñas, por temor.

“Él me decía que si yo hablaba iba a matar a mis padres, o a mis hermanas”, recordó.

Cuando yo ya era más grande, a los 11 años, me negaba y lo amenazaba con contarle a alguien, pero él me decía que si yo no me dejaba, lo iba a hacer con mis hermanas y eso me aterraba”, expresó.

Los abusos ocurrían una vez por semana, y en una ocasión hasta tres veces por semana. No pararon hasta que Guillermo huyó de su casa cuando tenía 12 años.

“Mis padres se habían separado y yo me fui de mi casa para ir a vivir con mi papá, en donde me sentía seguro. Sin embargo a los 14 años, el hombre me buscó y me volvió a abusar. Pero esa fue la última vez porque yo ya me sentía con valor y me enfrenté a él amenazándolo”, dijo.

Ese mismo año, en 2002, su madre emigró a Estados Unidos y él regresó a vivir a la casa grande con sus hermanas.

Al parar los abusos, Guillermo “sepultó” en el fondo de su ser las violaciones, pero las consecuencias de éstas fueron evidentes.

“De adolescente me volví rebelde, tuve malas juntas, me involucré con las maras, abusé del alcohol y las drogas. Siempre estaba en problemas”, dijo.

De chico fui a terapias, pero nunca conté lo que me había pasado. “Más grande tuve un problema de doble personalidad por lo que fui a un psiquiatra, a quien recién le confesé, pero no seguí con las terapias”, dijo.

Guillermo se lo dijo por teléfono a su madre, quien vivía en Maryland. “Ella se puso muy mal, me pidió perdón, pero en realidad aquí el único culpable es el agresor”, señaló.

El camino a su recuperación fue lento pero que lo logró refugiándose en Dios, dijo. El libro, que aún está en manuscrito, se titula “El Dolor del Grito”. Él espera que una casa editora lo publique.

Para comunicarse con Guillermo se puede escribir a eldolordelgrito@gmail.com