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Una lección de perseverancia


Santiago David Távara | 3/28/2014, 6 a.m.
Una lección de perseverancia
María de los Ángeles Carpio ha mostrado empeño para aprender a leer y escribir pese a las adversidades de la vida. | Santiago David Távara

La salvadoreña María de los Ángeles Carpio, de 53 años, ha tenido una vida marcada por el sufrimiento y el dolor, pero a la vez de mucho pundonor y perseverancia. Su meta inmediata para mejorar su nivel educativo comenzó recién hace cinco años cuando decidió aprender a leer y a escribir en su propio idioma y proceder luego a seguir con las clases de inglés. Y lo ha conseguido.

“Siempre le digo a las personas mayores que nunca es tarde para aprender y a los jóvenes también que se preparen, porque después lo van a necesitar”, dijo Carpio en una entrevista con El Tiempo Latino. “Cuando uno es mayor dice que hubiera estudiado de joven. A veces uno dice que es porque no tiene la oportunidad, pero a veces el que tiene la oportunidad no la sabe aprovechar. Yo le digo a los jóvenes que se preparen y los de mi edad también”, recalcó.

A la estudiante salvadoreña le han gustado ahora los estudios y continúa asistiendo a las clases patrocinadas por el Centro de Alfabetización en Español (CENAES), dirigida por el educador Mario Gamboa. “He aprendido mucho y me gusta. Sigo yendo hasta ahora, me gusta mucho leer, escribir, y cada día que pasa voy aprendiendo más cosas y me gusta cuando leo los libros, voy explorando más cosas. Y a veces se me ocurren palabras o dichos, y me gusta escribirlos”, indicó.

“Me siento feliz y le doy gracias a Dios por haber conocido a Don Mario porque él le ha dado la oportunidad a muchas personas para que aprendan, pero a veces uno le da pena porque es mayor, por el qué dirán, pero eso no sirve de nada. Yo pienso que lo importante es seguir siempre. Hay personas que me dicen que no saben leer y yo les digo que sí pueden aprender, yo empecé desde cero y ya sé muchas cosas. Ya puedo leer, escribir, muchas cosas, y me gusta”, indicó. Carpio recordó que antes, cuando tenía que firmar, “sólo ponía una huella o la cruz nada más”. La salvadoreña contó que en 1963 cruzó sola la frontera en autobús de México a EE.UU., huyendo del abuso de sus padrinos a quienes su padre la “regaló” de pequeña tras la muerte de su madre. “Cuando estaba allá en El Salvador trabajaba trayendo leña y vendía pescado. También iba a los basureros a buscar cosas que se podían vender y hacía dinero e iba guardando. Y luego así iba juntando el dinero para pagar al coyote para que me trajera”. ¿Y nadie la cuidaba? “Pues nadie, solamente Dios”, respondió.

Hace casi 20 años que Carpio conoció al compañero con el que hasta ahora comparte su vida, José Celestino Zavala, con quien vino al área de DC en 1995. Fruto de esa relación tuvo dos hijos, pero el niño falleció cuando tenía tres años por una bala perdida tras un tiroteo en Los Ángeles. La niña murió a los nueve meses en el hospital luego de contraer una enfermedad que los médicos no pudieron curar. “Pero aquí estamos, siempre luchando”, manifestó Carpio con resignación. Por ahora no trabaja por problemas de salud, por lo cual tuvo que dejar sus clases de inglés en el Centro Carlos Rosario en DC. “Pero ya me fui a registrar otra vez, estoy en lista de espera y espero que, primero Dios, me llamen pronto para continuar”, indicó.