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La base Aeronaval de Patuxent River, bandera hispana


Orgullo militar en Maryland

Por Desiré Vidal-especial para El Tiempo Latino | 11/30/2014, 8:29 p.m.
La base Aeronaval de Patuxent River, bandera hispana
El sargento mayor Leticia Litchfield y el capitán de corbeta Branton M. Joaquin en la Estación Aeronaval de Patuxent River en la desembocadura del río Patuxent, Maryland, a unas 65 millas de la capital de los Estados Unidos | Cort. Desiré Vidal

Sargento mayor Leticia Litchfield

Leticia Litchfield cuenta con 19 años de servicio. Es sargento mayor del cuerpo de los Marines y trabaja en el departamento de Integración Logística de NAVAIR en equipos de apoyo en tierra. Casada y madre de cinco niños, nació en El Paso (Texas) de padres mexicanos.

“Mi padre nació en Chihuahua y hasta los 19 años vivió en el pueblo de Delicias, luego cruzó a USA y empezó a hacer de todo, trabajaba mucho en los ranchos manejando tractores y cosas así. A los 30 años conoció a mi mamá, que se llama Lucía, se casaron y nací yo”, cuenta Litchfield quien habla español con acento mejicano y sus grandes ojos verdes brillan al recordar sus orígenes: “En 1992 conocí por primera vez donde nació mi papá, luego hemos ido en Navidades y la última vez que fui a Chihuahua fue en 2007 antes de que mi tía falleciera”.

Ella tenía claro desde niña que quería entrar en el Ejército: “Veíamos el comercial en la tele cuando yo era chiquita y yo le decía a mi papá ¡quiero entrar en los Marines!”. Pero además de ser su pasión, en el caso de Litchfield, como en tantos otros, el Ejército supuso la posibilidad de hacer carrera.

“Éramos bien pobres, yo sabía que mis padres no podrían mandarme a la universidad, así que cuando acabé la escuela, con 18 años, empecé la carrera militar”, cuenta la sargento mayor Litchfield. “En esos tiempos no se escuchaba mucho que una niña entrara en Los Marines pero ya después, cuando entré y mi familia me vio tan bien, tan feliz, haciendo las cosas que más me gustaban como el ejercicio... Me encantaba correr…” -sonríe y sigue contando- “al principio tenía miedo, nunca había salido de California, sólo para ir a México. Y la primera vez que fui a Japón me decían ¡qué bueno mihija que estás conociendo todo! y yo les mandaba fotos y postales y algo de dinero para ayudar a pagar la renta o lo que fuera”.

Como cualquier madre, orgullosa de sus niños, Litchfield saca el móvil y nos enseña la foto de sus cinco hijos cuyas edades van desde los 16 a los dos años: Davian, Aadan, Diego, y las gemelas Eva y Evan. “Mi familia es un apoyo fundamental para mí, sobre todo en los periodos que tengo que irme. Mi esposo, Fernando Javier Litchfield también es Marine… La primera vez que me fui, en 2007, durante un año, mis dos hijos mayores se quedaron con mi mamá, que los cuidó muy bien, y luego cuando regresé los Marines me dieron una casa para vivir con ellos”.

Al hablar de sus hijos su cara se ilumina: “Ahora, aunque el mayor no sabe aún qué quiere ser, el de 12 años tiene claro que quiere ser un marine y, a veces, sale a correr conmigo”.

Para Litchfield la promoción es “el trabajo que haces” y siempre se ha encontrado totalmente integrada en el Ejército.

Capitán de corbeta Branton M. Joaquín