Quantcast
El Tiempo Latino
8:53 p.m. | 46° 11/24/2017

El dolor de una madre inmigrante


"Todo lo hice por mi hijo"

Alberto Avendaño/ETL | 9/4/2014, 11:05 a.m.
El dolor de una madre inmigrante
La guatemalteca Edith Cerritos clama por el futuro de su hija durante la marcha pro reforma migratoria del 28 de agosto de 2014 ante la Casa Blanca | Alfredo Duarte Pereira para ETL

Sus ojos se llenan de lágrimas que intenta contener con una mano temblorosa. Las palabras se le amontonan en la garganta y su rostro se contrae para poder contar lo que lleva dentro.

Edith Cerritos es una madre guatemalteca que añora su tierra.

El llanto de una madre inmigrante

“A mí me gustaba mi pueblo. Vivía bien, tranquila. Me dedicaba a cuidar a mi hijo. Estaba con mi esposo, el papá de mi bebé, con mi mamá, mis hermanos… pero por circunstancias del narcotráfico, de la delincuencia, salimos del pueblo”, contó Cerritos a El Tiempo Latino hablando ante la cámara de video de Alfredo Duarte Pereira, el 28 de agosto, en Hyattsville, junto a la sede de la organización CASA de Maryland. “Yo vivía bien en mi casa, pero empezaron problemas con pandillas, amenazas, y por circunstancias feas tuve que salir del país”.

Cerritos recuerda bien lo que pasó el 20 de mayo de 2014: “Decidí abandonar mi país con mi hijo, tomando el riesgo de que nos pasaran muchas cosas en el camino”.

Se le quiebra la voz al recordar el día de las despedidas. Decirle adiós a su esposo y a su mamá “fue muy doloroso”, explica casi en un gemido y recupera la voz para afirmar que todo lo hizo “buscando mejor bienestar” para su hijo.

“Para que tenga más oportunidades, el derecho a la vida, porque si nos quedamos en mi país no lo iba a tener”, expresó Cerritos.

Pero la decision implicó también un sacrificio económico —empeñar la casa— para aventurarse en un viaje brutalmente duro.

“Mi hijo tiene apenas dos años y pasamos días en que no comíamos”, cuenta y habla de la difícil búsqueda de un sitio para dormir. Ver a su hijo sufriendo “aguantar el hambre” y durmiendo en el suelo la puso al borde de la desesperación. “A última hora me dejaron botada y al ver mi situación me entregué a Inmigracion en la frontera. Yo lo miraba a mi hijo aguantar hambre y ya no quería más eso. Decidí entregarme para que nos ayudaran pero no fue así. Al contrario, me siento bien mal, bien humillada porque nos metieron a un cuarto frío. Pasamos cuatro días con mi hijo aguantando frío”, narró Cerritos y observando el grillete electrónico que le pusieron las autoridades de inmigración en el tobillo, añadió: “¡Ay, Dios mío! Cuando me lo pusieron me sentí bien humillada porque no soy una delincuente, no le vine a robar a nadie, simplemente busco una mejor vida para mi hijo”.

Cerritos es uno de los más de 55.000 adultos que viajan con menores —la mayoría madres con hijos— que han sido detenidas en la frontera sur de Estados Unidos entre octubre y junio de 2014. En el mismo periodo, en 2013, las detenciones fueron 9.350. Pero el gobierno federal solo cuenta con espacio para detener hasta un máximo de 800 familias.

Al verse desbordado, el Gobierno busca alternativas a los arrestos entre las que se incluye el uso de grilletes electronicos en los tobillos de los inmigrantes para controlar sus movimientos. Esto ha abierto un debate nacional sobre si estos inmigrantes —y en especial madres con hijos— deben ser tratados como criminales o como refugiados.