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El amante japonés de Isabel Allende


Una charla personal con la escritora

Alberto Avendaño-ETL | 12/2/2015, 12:49 a.m.
El amante japonés de Isabel Allende
Isabel Allende en Washington, DC, el 13 de noviembre de 2015. | Alfredo Duarte Pereira para ETL

La escritora chilena Isabel Allende (i) recibe la Medalla Presidencial de la Libertad de manos del presidente estadounidense, Barack Obama, durante una ceremonia hoy, 24 de noviembre de 2014, en la Casa Blanca, en Washington D.C.,

EFE

La escritora chilena Isabel Allende (i) recibe la Medalla Presidencial de la Libertad de manos del presidente estadounidense, Barack Obama, durante una ceremonia hoy, 24 de noviembre de 2014, en la Casa Blanca, en Washington D.C.,

Charla con Isabel Allende

“Alberto: vengo de la cultura latinoamericana y desde hace 26 años estoy inserta en la cultura estadounidense influenciada por el inglés. No me quiero poner títulos: realismo mágico, escritora feminista… ¡Déjenme en paz!”

Alfredo Duarte Pereira para ETL

“Alberto: vengo de la cultura latinoamericana y desde hace 26 años estoy inserta en la cultura estadounidense influenciada por el inglés. No me quiero poner títulos: realismo mágico, escritora feminista… ¡Déjenme en paz!”

Un día en 1981, Isabel Allende empezó a escribirle una carta a su abuelo que se había muerto. Esa carta se convirtió en el primero de sus 22 libros, traducidos ya a 35 idiomas y con más de 65 millones de copias vendidas.

“Nunca pensé en ser escritora, mi vida es un milagro”, explica esta mujer que empezó su brillante carrera de escritora con 40 años y hoy, al pasar los 70, siente todavía que las historias la buscan.

Nos sentamos a charlar el viernes 13 de noviembre, en la librería Politics & Prose de Washington, DC, y pronto sentí que el año y nueve meses transcurridos desde nuestra primera conversación no eran pasado sino algo fluido, que siempre estuvo ahí, que las palabras nunca se detuvieron. Pero en este año pasaron cosas: se le murió su adorada perra, se separó de su marido después de 27 años de relación y se le murió su agente y baluarte, Carmen Balcells. Y un punto de luz: en noviembre de 2014, recibió la Presidential Medal of Freedom de manos de Barack Obama quien al entregarle el galardón dijo delante de Isabel que la Medalla "celebra a las personas que han hecho de Estados Unidos un país más fuerte, más sabio, más humano y más bello".

—Isabel, hace un año me dijiste que tú no creas las historias, que las historias te buscan a tí. ¿Te volvió a ocurrir con El Amante Japonés?

—Las historias me buscan… Venía caminando por la calle en Nueva York con una amiga y, hablando de las madres, me contó que su madre que tenía 80 años había tenido un amigo por más de 40 años que era un jardinero japonés. Eso fue todo. Yo me quedé pensando: ¿se puede tener un amor apasionado y romántico por tantos años? ¿Cómo sería esa relación entre esta señora de alta sociedad, judía y un jardinero japonés? Y ahi empezó todo. Por supuesto, todo es ficción. La mujer real no tiene nada que ver con el personaje de mi libro.

—Eres una mujer que se intriga por las cosas y decide escribirlas. En otras ocasiones asumes un reto y lo conviertes en libro como hiciste con El juego de Ripper. Pero ¿Cómo es possible que una mujer como tú que en una ocasión me hablaste del temor que te da volver a empezar un libro consigue estar cíclicamente estimulada?

—Creo que es porque es lo único que hago. No tengo más vida que escribir estas historias que cuento. Vivo en eso. Vivo oyendo o preguntando, leyendo siempre, atenta a la historia. Y eso es lo que hago.

—En El Amante Japonés, Takau Fukuda emigra, describes, “por razones metafísicas” . ¿Qué razones te impulsaron a emigrar a ti. Una persona de tantos sitios?

—He sido extranjera toda mi vida, Alberto. Primero nací en Perú porque mis padres eran diplomáticos allí. Mi padre abandonó a mi madre cuando yo tenía tres años. Mi madre volvió a vivir a Chile y mis primeros años fueron en Chile. Luego mi madre se volvió a casar con un diplomático y volví a vivir por diferentes partes. Siempre era la niña nueva en el colegio. Después vino el golpe militar en Chile. Salí al exilio, viví en Venezuela muchos años. Me enamoré de un americano y vine a vivir como inmigrante a Estados Unidos. He vivido siempre como extranjera.