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El beato monseñor Óscar Arnulfo Romero


Sus familiares nos hablan desde Ciudad Barrios, El Salvador, sobre su vida y beatificación

Miguel Guilarte | 5/14/2015, 3:09 p.m.
El beato monseñor Óscar Arnulfo Romero
TRES. De izq. a der.: Toña de Romero, cuñada, Tiberio Arnoldo Romero, hermano, e Irlanda Gutiérrez Galdámez, prima hermana, familiares de Óscar Arnulfo Romero, en Ciudad Barrios, San Miguel. | Cort. Vladimir Gutiérrez

 Irlanda Gutiérrez Galdámez y su hijo Vladimir en Ciudad Barrios, San Miguel, El Salvador.

Cort. Vladimir Gutiérrez

Irlanda Gutiérrez Galdámez y su hijo Vladimir en Ciudad Barrios, San Miguel, El Salvador.

OBRA. El nuncio apostólico León Kalenga bendice una pintura de Romero en la casa de la familia Gutiérrez en Ciudad Barrios.

Cort. Vladimir Gutiérrez

OBRA. El nuncio apostólico León Kalenga bendice una pintura de Romero en la casa de la familia Gutiérrez en Ciudad Barrios.

Vladimir Gutiérrez, sobrino de monseñor Óscar Arnulfo Romero, en su casa de Ciudad Barrios.

Cort. Vladimir Gutiérrez

Vladimir Gutiérrez, sobrino de monseñor Óscar Arnulfo Romero, en su casa de Ciudad Barrios.

Doña Irlanda Gutiérrez Galdámez sostiene una cruz que fue de monseñor Óscar Arnulfo Romero.

Cort. Vladimir Gutiérrez

Doña Irlanda Gutiérrez Galdámez sostiene una cruz que fue de monseñor Óscar Arnulfo Romero.

Ciudad Barrios está de júbilo en El Salvador.

Los residentes de esta población del Departamento oriental de San Miguel, quienes profesan en su mayoría la religión católica, verán un viejo sueño hacerse realidad el próximo sábado 23 de mayo en San Salvador: el Vaticano proclamará como beato a monseñor Óscar Arnulfo Romero, uno de los hijos más ilustres de esa ciudad y quien fuera asesinado por odio a la fe.

Hace 35 años, el 24 de marzo de 1980, monseñor Romero, para ese entonces arzobispo de San Salvador, fue asesinado por un francotirador de los escuadrones de la muerte, mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en San Salvador.

Familiares de Romero que residen en Ciudad Barrios y en Virginia, EE.UU., consideran que la beatificación “hace justicia” con un religioso que dedicó su vida a Dios y que irradiaba una gran vocación de ayuda a sus semejantes, especialmente a las clases más necesitadas.

La beatificación de monseñor Romero, aprobada por el Papa Francisco en febrero y anunciada en San Salvador por el postulador de su causa en el Vaticano, Vincenzo Paglia, se celebrará en la plaza del Divino Salvador del Mundo, de la capital salvadoreña.

El acto religioso se celebrará con una eucaristía presidida por el cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano.

La beatificación es considerada como un don extraordinario para toda la iglesia en el mundo y en especial para todo El Salvador, porque Romero desde el cielo “se ha convertido en el pastor bueno” y beato que une hoy a todo su pueblo, por el cual dio su propia vida, según coincidieron su prima hermana Irlanda Gutiérrez Galdámez y su sobrino Vladimir Gutiérrez, quienes declararon vía telefónica a El Tiempo Latino en forma exclusiva desde Ciudad Barrios.

“La verdad es que me siento muy contenta y bendecida por la beatificación de monseñor. Es un hecho que de alguna manera nos alivia el dolor que todavía sentimos por la forma en la que murió”, dijo Gutiérrez Galdámez el martes 12.

“Hay una gran expectativa, hay muchas personas que vamos a ir desde Ciudad Barrios a San Salvador para la ceremonia de beatificación”, agregó Gutiérrez Galdámez, de 82 años, hija de una hermana de Guadalupe de Jesús Galdámez, madre de monseñor.

“Cuando él se fue a estudiar yo estaba muy pequeñita y no me acordaba mucho de él. Yo lo conocí fue hasta que regresó de Roma después de que se ordenó de sacerdote. Siempre nos visitaba y compartía con nosotros. Lo queríamos bastante”, destacó.

Afirmó que en El Salvador habrá una alegría profunda, una gran muestra de fe, por la beatificación del arzobispo mártir, quien desde niño evidenció su deseo de ayudar al prójimo.

“Desde pequeñito ya tenía vocación por el sacerdocio y cuando se ordenó ayudaba mucho a la gente pobre en lo que él podía, visitaba a la gente en los cantones”, continuó. El hecho de que murió celebrando misa en un altar “ayudó en el proceso de beatificación” anota Galdámez quien vive al lado de la casa donde se crió monseñor Romero.