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El beato monseñor Óscar Arnulfo Romero


Sus familiares nos hablan desde Ciudad Barrios, El Salvador, sobre su vida y beatificación

Miguel Guilarte | 5/14/2015, 3:09 p.m.
El beato monseñor Óscar Arnulfo Romero
TRES. De izq. a der.: Toña de Romero, cuñada, Tiberio Arnoldo Romero, hermano, e Irlanda Gutiérrez Galdámez, prima hermana, familiares de Óscar Arnulfo Romero, en Ciudad Barrios, San Miguel. | Cort. Vladimir Gutiérrez

Para los residentes de Ciudad Barrios, el recuerdo de Romero sigue intacto.

“Siempre escuchamos las homilías que quedaron grabadas, lo bonito que él se expresaba. La beatificación es casi el único tema de conversación aquí en Ciudad Barrios. Hay algunas personas que todavía recuerdan fácilmente su gran bondad”, subrayó sobre el mártir Romero al que le sobreviven sus hermanos Gaspar y Arnoldo.

“En este barrio estamos muy orgullosos de su beatificación por haber sido la cuna de monseñor”, concluyó Gutiérrez Galdámez.

En la casa de los Gutiérrez hubo recientemente un momento muy especial cuando el nuncio apostólico de El Salvador, el padre León Kalenga, bendijo un cuadro de monseñor que mandó a pintar Vladimir Gutiérrez.

“La obra representa a monseñor tomando su cruz, como lo dice la biblia, y listo para seguir a cristo de tal manera que pareciera que va a levantar su mano para bendecirnos”, describió Vladimir sobre el cuadro bendecido por Kalenga.

El asesinato de Romero se produjo meses antes del estallido de la sangrienta Guerra Civil que sufrió su país entre 1980 y 1992 y que arrojó unas 75 mil víctimas entre muertos y desaparecidos.

“Yo le pido a monseñor Romero que el 23 de mayo en El Salvador no haya ningún muerto por la violencia. Espero que ese día reine la paz. En los años ochenta vivimos una guerra civil, era la guerrilla contra las Fuerzas Armadas. Ahora también estamos en guerra, son las pandillas las que se están aprovechando de este momento y pedimos a monseñor que interceda por nosotros, él ya está con Dios, en los altares, y queremos ese cambio en nuestro país. Con fe lo vamos a lograr”, puntualizó Gutiérrez.

Sobre el sentimiento que le genera la beatificación dijo que “es un momento muy importante que estamos por vivir” y una “gran bendición para todos”.

“Quienes lo conocimos cuando éramos niños estamos que no podemos creer que por estas calles de Ciudad Barrios caminaba un santo”, admitió.

Fue su Santidad Francisco quien aprobó el pasado 3 de febrero el decreto para la beatificación del arzobispo Romero, en el que se reconoce el “martirio” del arzobispo “in odium fidei”, es decir, que fue asesinado por “odio a la fe”.

“Dios tiene sus planes que nosotros no conocemos. Desde el momento en que supimos que un latinoamericano iba a ser Papa, pensamos que era el momento para que monseñor fuera santificado”, agregó Gutiérrez. Algunos feligreses creen en la beatificación de Romero como símbolo de paz y la reconciliación entre la sociedad salvadoreña.

“Creo en las palabras de monseñor ‘quiero que mi sangre sea semilla de libertad y la señal que la esperanza será pronto una realidad’. Queremos que el 23 de mayo la esperanza esté ahí”, concluyó Gutiérrez, cuyo sobrino Javier Larios trabaja en Alexandria, Virginia, y desde la distancia también expresó su orgullo por la beatificación de Romero.

“Como un hijo de Ciudad Barrios y salvadoreño de corazón siento un gran orgullo por la beatificación de monseñor Romero. Espero que sirva como un elemento de reconciliación en mi país para que logremos la paz”, dijo Larios, sobrino segundo de monseñor Romero.