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“Por fin puedo leer y escribir”


Voluntarios en Virginia ayudan a cambiar de uno a uno la vida de inmigrantes decididos a aprender

Milagros Meléndez-Vela | 5/29/2015, 1:42 p.m.
“Por fin puedo leer y escribir”
INSTRUCCIÓN. Leonardo García (de pie) fundador del centro de alfabetización con José Portillo. ENSEÑA. Laura Navas, de 12 años, supervisa el trabajo del guatemalteco Luis Quiroa, durante una clase en la biblioteca Woodrow Wilson de Culmore. | Milagros Meléndez-Vela/ETL

ESCRIBE. María Quiroz junto a su instructora, la niña Laura Navas.

Milagros Meléndez-Vela/ETL

ESCRIBE. María Quiroz junto a su instructora, la niña Laura Navas.

Toda su vida, cada vez que José Portillo tenía que escribir su nombre o dirección y leer un documento o simples instrucciones de trabajo se veía obligado a recurrir a una tercera persona para hacerlo. “Era vergonzoso pero tenía que pedir ayuda”, comentó. “Nunca pude ir a la escuela para aprender a leer y a escribir. Sólo fui hasta el primer grado y después me dediqué a ayudar a mi papá en el trabajo”, indicó.

Hoy, el salvadoreño de 45 años, deja esa historia en el pasado y se abre camino a una nueva vida. “Ahora ya sé leer”, expresó al señalar que por fin se puede comunicar con sus hijos a El Salvador por medio de mensaje de textos. “Entiendo todo lo que me dicen”, exclamó con una sonrisa .

Desde hace dos años, Portillo —quien reside en Falls Church, Virginia— no se pierde sus clases de alfabetización, dirigidas por el guatemalteco Leonardo García y otros voluntarios en la biblioteca Woodrow Wilson de Culmore y en una iglesia Metodista de la Sleepy Hollow en Falls Church.

SUPERACIÓN. Imelda Ayala ocupa su tiempo libre en la biblioteca.

Milagros Meléndez-Vela/ETL

SUPERACIÓN. Imelda Ayala ocupa su tiempo libre en la biblioteca.

García dirige el Centro de Alfabetización Social de Jornalero a Jornalero en Culmore, un programa que nació en 2006 como una misión del guatemalteco para ayudar a los inmigrantes en respuesta a una promesa a Dios, según dijo.

“Yo había venido en febrero de 2006 de vacaciones pero enfermé de gravedad”, contó García. “Al sentirme desfallecer le prometí a Dios que si yo me sanaba iba a quedarme aquí y cumplir con lo que me pidiera”, dijo García, quien es soltero. Al librarse de una peritonitis, el guatemalteco se recuperó y empezó a trabajar como jornalero.

Estando en una esquina del 7-Eleven se dio cuenta de la realidad de muchos inmigrantes que no podían leer ni escribir: eran víctimas de abusos y engaños.

Un día se encontró con una persona que había trabajado por 10 horas a $12 la hora. “El señor estaba contento porque le habían pagado supuestamente $120 por el día, pero en realidad su cheque decía $20”, contó García.

APLICADO. David Trejo compone oraciones. Delmy Salazar las revisa.

Milagros Meléndez-Vela/ETL

APLICADO. David Trejo compone oraciones. Delmy Salazar las revisa.

“Me dí cuenta que no sabía leer ni escribir. En ese momento sentí claramente que Dios me estaba llamando a una misión y que me pedía enseñarle a los jornaleros”, relató. “Yo nunca había enseñado a nadie pero sé que Dios me capacitó”, añadió.

A los meses, García fundó el centro con ayuda de la Iglesia Unida Metodista de Sleppy Hollow, a la que él pertenece.

De uno a uno, el programa ha cambiado la vida de más de 300 personas durante los nueve años de existencia.

Imelda Ayala no es la misma. La inmigrante guatemalteca lleva estudiando seis años. “Antes no podía ni distinguir las letras, pero ahora me siento feliz de poder leer”, manifestó.

“Cuando voy a algún lugar y necesito llenar documentos en lugar de pedir ayuda ahora yo soy la que me ofrezco”, indicó.

El miércoles 27, Ayala se encontraba en la biblioteca. Estaba leyendo un libro de superación personal. Al preguntarle el título, contestó “Se llama ‘Primero Tú: Siete Pasos para Vivir Mejor’”.