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Almagro, Nueva York y las encuestas en Venezuela


El atribulado presidente Maduro

Leopoldo Martínez Nucete/@lecumberry | 11/14/2015, 9:22 p.m.
Almagro, Nueva York y las encuestas en Venezuela
Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. | EFE

Almagro está dando un primer paso en la reivindicación del cargo que ejerce, devaluado por Insulza todos estos años, mostrando que sí se puede imponer una agenda desde esa posición y que en ella no se está a merced de la que impongan los Estados miembros.

¡Éramos pocos y parió la abuela! Esa debe ser la sensación que abruma al Gobierno de Maduro a esta hora. Los eventos en Haití y la Fiscalía de Nueva York llegan días después de confirmado que la brecha en la intención de voto favorable a la oposición en las elecciones parlamentarias se ubica en 30%; y el discurso en Ginebra para asumir la silla de Venezuela en el Consejo de los DDHH ocurre con el preludio de la carta que envía el Secretario General de la OEA, Almagro, al CNE, donde cuestiona en profundidad no solo las garantías electorales ofrecidas por el organismo electoral, sino que alude en forma abierta e indisimulada al desempeño antidemocrático del Gobierno.

¿Y la economía? Empeora sin que nadie le conceda la más mínima credibilidad a las excusas del Gobierno ni a los ataques orientados a responsabilizar al sector privado, y con especial encono a Empresas Polar.

Es muy simple entender por qué nadie les cree el cuento. El país ha visto que las expropiaciones culminan en cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo, así como de merma en la producción nacional. Y el ciudadano está perfectamente consciente de que todo es importado, salvo lo que todavía producen precisamente esas empresas a las que se quiere culpar de la crisis.

En ese contexto sobrevienen dos asuntos de especial impacto en el contexto electoral del país: la carta de Almagro y el "narco-affaire" que ahora se ventila judicialmente en Nueva York.

El Secretario General de la OEA es un hombre de izquierda y seguramente desarrolló una estrecha relación con Nicolás Maduro, pues les tocó a ambos ser cancilleres de los gobiernos más que aliados, amigos, de Pepe Mujica y Hugo Chávez. Lo que dice la carta había sido expresado por muchas voces, pero nunca por la OEA; y menos por alguien con el "gravitas" que tiene Almagro en ese espacio político, donde el chavismo había encontrado neutralidad –y apoyos- en América Latina. Almagro está dando un primer paso en la reivindicación del cargo que ejerce, devaluado por Insulza todos estos años, mostrando que sí se puede imponer una agenda desde esa posición y que en ella no se está a merced de la que impongan los Estados miembros.

En síntesis, la misiva de Almagro le sube muchísimo el costo político al Gobierno venezolano y a su inexplicable determinación de evitar toda forma de observación electoral por parte de la OEA. Cuesta semejante absurdo estratégico por parte del Gobierno porque, con lo que arrojan las encuestas, el ventajismo y el fraude puntual por circuitos no da para evitar un posible triunfo opositor en las elecciones parlamentarias. Entonces, para qué pagar ese inmenso costo político internacional y perder por partida doble. Mejor hubiese sido perder las elecciones con observación. Al fin y al cabo, dado que lo primero parece inevitable, lo segundo les habría permitido mayor margen de maniobra de cara a la crisis de imagen que tiene el Gobierno por falta de desempeño democrático.