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Refugiados con destino incierto


Conversación con Delmi Ávarez, en Idomeni, Grecia, fotografiando la tragedia de un “gran fracaso político”

Por María Xosé Porteiro/Especial para ETL | 4/7/2016, 3:18 p.m.
Refugiados con destino incierto
CRISIS. Campamento de refugiados de Idomeni, Grecia, en marzo de 2016, donde viven más de 12.000 personas. El fotógrafo español Delmi Álvarez documentó la crisis humanitaria que vive Europa. | Delmi Alvarez

Antes de “Transmigrants (in progress)”, su trabajo más destacado en esta materia fue “Gallegos en la Diáspora”. Galicia, junto a Irlanda, Italia y las personas de etnia judía, marcaron los contingentes mayores de inmigrantes a América a lo largo de los siglos XIX y XX. Su origen gallego le hace buen conocedor de esta parte de la historia de su pueblo que se ha expandido por todo el orbe.

En su permanente ir y venir, Álvarez hizo una larga pausa en Letonia, a donde había ido para investigar el paso de refugiados por la frontera con Rusia, y en los últimos años ha recalado en Bruselas donde trabaja como freelance en el Parlamento Europeo y para Agencias de prensa internacionales.

“Preferimos morir a matar”

En marzo de este mismo año, con la llegada de las lluvias y el agravamiento de la situación en el campo de refugiados de Idomeni, en Grecia, Delmi Álvarez pasó dos semanas fotografiando el drama de más de 12.000 personas que se encuentran allí retenidas. Le conmovieron, especialmente, los niños y las mujeres: “hay miles de niños que vagan solos, separados de sus padres por las propias autoridades, o perdidos”. Generalmente, son secuestrados por mafias para el comercio sexual.

Las violaciones y todo tipo de abusos sexuales a mujeres, niñas y niños en los trayectos y en los propios campos también están a la orden del día. Es un espanto por la indefensión y el desamparo en que se encuentran. Además de las víctimas que consiguen sobrevivir, se calcula que se producen diez muertes diarias de las cuales, dos, son de menores de edad.

Otra mafia campa a sus anchas por este mundo donde la carne humana ha vuelto a convertirse en mercancía. Es la que proporciona transporte y promete el paso de las fronteras a quienes salen de sus países convencidos de que podrán llegar, gracias a ellas, a sus destinos que suelen ser Alemania, Reino Unido o Finlandia. Llegan a cobrar hasta 35.000 euros por persona pero lo más frecuente es que les sustraigan la documentación y el dinero. Casi nadie consigue su objetivo. Tienen que atravesar ríos helados, esquivar a la policía, esconderse en camiones donde se tapan la cabeza, hasta la asfixia, con bolsas de plástico para que su respiración no sea detectada por los equipos termográficos que los revisan, o incluso meterse en las partes inferiores de trenes donde tienen nulas posibilidades de sobrevivir. Pero lo siguen intentando.

“Preferimos morir a matar”, le dijeron al hombre de elevada figura y mirada penetrante, cuando preguntó por qué asumían tantos peligros al huir de sus países en guerra. Delmi Álvarez cree que esa convicción sintetiza la tragedia de una población que responde civilizadamente a una situación de barbarie. Los transmigrantes de Idomeni son la evidencia de un inmenso fracaso político y nos abren al espanto de las nuevas guerras globalizadas de las que ya nadie puede sentirse a salvo.