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Editor de The Washington Post: la misión de la prensa es decir la verdad


El editor ejecutivo de The Washington Post da un mensaje a los periodistas al recibir premio Hitchens

Marty Baron/Traducción El Tiempo Latino/El Planeta Media | 12/9/2016, 2:29 p.m.
Editor de The Washington Post: la misión de la prensa es decir la verdad
MENSAJE. El editor ejecutivo de The Washington Post, Marty Baron, habló de los valores y principios |

Los valores es lo que más me importa. Y éste es un buen momento para hablar de ellos, para reafirmar lo que defendemos.

Cuando Carol [Blue] me llamó para contarme que me habían concedido el Premio Hitchens, me quedé atónito. El premio es tan nuevo que ni siquiera había oído hablar de él. Y me preguntaba cómo era posible encontrar puntos comunes entre mi trayectoria en el periodismo y la brillante carrera de Christopher.

Estuve -y estoy- enormemente agradecido de ganar un premio que honra el legado de Christopher. También estoy agradecido con Dennis y Victoria Ross, que se inspiraron para crearlo. Y honrado de seguir los pasos del extraordinario documentalista Alex Gibney, [ganador del año pasado].

Sin embargo, he estado investigando la vida y el trabajo de Christopher, buscando coincidencias. Un amigo cercano y periodista sumamente exitoso me envió una nota después de enterarse de las noticias. “Te respeto mucho. Y respeto mucho a Hitchens. Sin embargo, no puedo decir que son cortados de la misma tela”.

No es sorprendente que mi amigo me dijera eso. Christopher fumaba sin cesar. Yo no fumo. Nunca lo hice. Bebía con frecuencia, comenzando con whisky, terminando con coñac. Bebo muy poco, y casi nunca escocés o coñac. Él era un escritor impresionantemente prolífico. Yo soy editor, desde 1983. Él escribió libros, incluyendo un best-seller sobre sus memorias. No lo he hecho… y yo soy mi tema menos favorito.

Hacía apariciones frecuentes en la televisión y en plataformas de debate. Yo preferí quedarme detrás de las cámaras, hasta que una película me hizo salir.

Una vez él se sometió a “Waterboarding”. También se hizo una depilación con cera del bikini brasileño. Yo no haría ninguna de las dos. Y como Graydon Carter escribió en su elocuente ensayo el día en que murió Christopher: “será recordado por las millones de palabras que dejó”. A mí me recordarán por lo poco que hablé; la película Spotlight es un indicador.

Pobre Liev Schreiber. No se le podría haber asignado un papel más desafiante. Tuvo que retratar a alguien que es tacaño con las palabras y muy reservado con sus emociones. No es de extrañar que cuando nos conocimos, Liev siguió investigando para ver si yo había hecho o dicho algo más dramático.

De modo que Christopher y yo éramos personas muy diferentes. Pero también teníamos mucho en común.

En Hitch-22, Christopher cuenta cómo recibió una llamada del Washington Post el día de San Valentín en 1989 en la que se le consultaba su opinión sobre lo que el fatwah Ayatollah Khomeini había dicho en contra de [el novelista] Salman Rushdie.

Escribió: “una cuestión de todo lo que odiaba frente a todo lo que amaba. En la columna del odio: dictadura, religión, estupidez, demagogia, censura, saboteo e intimidación. En la columna del amor: la literatura, la ironía, el humor, el individuo y la defensa de la libre expresión. Además, por supuesto, de la amistad”.

Cuando se trata de valores, con la excepción de la religión -que no la odio-, Christopher y yo hemos sido cortados de la misma tela.