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Brasil: de la felicidad a la tragedia


La canarinha logró su primer oro olímpico. Más tarde vino el dolor por el Chapecoense

Hernán Bahoz Ruiz | 12/26/2016, 11:29 a.m.
Brasil: de la felicidad a la tragedia
Brasileños celebran al llegar al Estadio Maracana durante los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro, Brasil, el 5 de agosto de 2016. | Bloomberg | Dado Galdieri

El fútbol en 2016 fue para América, y más para Brasil, motivo de gran felicidad, que luego cedió ante el dolor por la tragedia aérea en Colombia que segó 71 vidas y el sueño del Chapecoense, el club que inspiró en el mundo una solidaridad sin precedentes hasta ser proclamado campeón de la Copa Sudamericana.

Nada parecía arruinar el balance de un año perfecto para Brasil hasta aquella noche del 28 de noviembre en la que perecieron 19 jugadores del equipo de la ciudad sureña de Chapecó, casi todos sus directivos, la totalidad del cuerpo técnico encabezado por el entrenador Caio Júnior y una veintena de periodistas.

El Atlético Nacional, el campeón de la Copa Libertadores que buscaba en el tercer intento su primer título de Sudamericana, pidió la consagración a su rival en desgracia, sus seguidores llenaron el estadio Atanasio Girardot y gritaron sin parar “vamos, vamos Chape” la noche que debía jugarse el partido de ida de la final.

Y desde entonces en estadios de todos los continentes hubo minutos de silencio, las hinchadas se hermanaron y los equipos adversarios, ahora unidos por un conmovedor sentimiento, demostraron que esto es “más que fútbol”.

Hasta la tragedia, Brasil celebraba el logro de un hito histórico y el renacimiento de la Canarinha en el largo camino a Rusia.

Liderada por Neymar, Brasil conquistó la medalla de oro de unos Juegos Olímpicos. Fueron los de Río de Janeiro y ocurrió el 21 de agosto en el Maracaná a expensas de Alemania, que desde el Mundial de 2014 provoca en los brasileños deseos de venganza.

El oro olímpico era la única distinción que faltaba en las vitrinas del fútbol brasileño tras vanos esfuerzos que rindieron dos bronces, en Atlanta’96 y Pekín 2008; así como tres preseas de plata: en Los Ángeles’84, Seúl’88 y Londres 2012.

Logros insuficientes para un país, que ve al segundo como el primero de los últimos.

Un mes después de ese logro sin antecedentes, la verde-amarela reapareció en las eliminatorias del Mundial de 2018 con Adenor Leonardo Bacci ‘Tite’ en el banco que ocupó Dunga con más pena que gloria hasta la Copa América jugada del 3 al 26 de junio en Estados Unidos, y que por segunda vez seguida ganó Chile.

Entre septiembre y noviembre se jugaron seis jornadas. Los pupilos de Tite se embolsaron todos los dieciocho puntos al llevar a la lona a Ecuador, Colombia, Bolivia, Venezuela, Argentina y Perú.

Diecisiete dianas marcadas, tres goleadas incluida una por 3-0 a la Argentina de Lionel Messi, y apenas un gol en contra, que fue autogol, son algunos de los números del nuevo Brasil que ahora domina las eliminatorias con 27 puntos de 36 posibles.

A cuatro está Uruguay y con siete menos Ecuador y Chile, las selecciones que hoy estarían con Brasil en el Mundial de Rusia. Con 19 unidades yace Argentina en el quinto puesto, que da derecho a jugar una repesca con un rival de Oceanía. Campaña discreta, criticable y que deja en evidencia la ‘Messidependencia’.