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¿Qué le pasa al elefante?


Y mientras las preguntas se acumulan, se acerca noviembre.

6/3/2016, 2:21 p.m.
¿Qué le pasa al elefante?
El elefante republicano según caricatura de GOGUE. | GOGUE/Para El Tiempo Latino

Tengo un problema con el Partido Republicano. ¿Dónde se han ido los conservadores capaces de entablar una conversación sin amenazas o sin acusar a Washington de todos los pecados sobre la tierra de las barras y las estrellas? Hoy quienes hablan por boca del GOP son hombres blancos enfadados o algunos hispanos preocupados por ser más papistas que el papa, ansiosos por su sitito a la mesa de la intolerancia. Este republicanismo de la segunda década del siglo XXI me recuerda a aquel republicanismo que asedió la administración de Bill Clinton, en la última década del siglo XX, buscando probar todo tipo de conspiraciones —desde fraudes inmobiliarios hasta el asesinato de un hombre de confianza en la Casa Blanca— utilizando el dinero público durante demasiado tiempo contra el presidente que eliminó el déficit para, al final, intentar un impeachment fallido por lo único probado: la patética relación sexual del presidente con una joven interna en la Oficina Oval.

Hoy les obsesiona la gestión de los emails de Hillary Clinton y olvidan los millones de emails borrados en la Casa Blanca de Bush hijo. Estos republicanos tienen memoria selectiva y no ayudan a la transparencia de un sistema democrático.

Tengo un problema con el Partido Republicano que sirve de incubadora —feliz o asombrada— del fenómeno Donald Trump. Y los líderes supuestamente de intelecto conservador se doblan o doblegan ante el candidato de los 1.237 delegados (incluso antes de California). Después de hacer que líderes prominentes del GOP —la dinastía Bush o el ex candidato presidencial Romney incluídos— salieran a la palestra para distanciar al partido de Trump, la oficialidad trata de razonar que la marca Trump será en la marca GOP.

Daniel Garza, del grupo LIBRE Initiative, le dijo en una entrevista a José Díaz-Balart que Trump sería capaz de unir al partido republicano para conseguir “una victoria”. Garza es un ejemplo de lo que yo llamo “pragmatismo con orejeras” —mira pa’lante, porque lo que apoyas a tu lado te puede remover los intestinos. Y de latino a latina, pero en polos opuestos: Lizet Ocampo de la izquierdista People For the American Way y directora de Latinos Vote! reaccionó recordándole a Garza que el Trump de la “unidad” es el que ha utilizado el lenguaje más ofensivo y divisivo en esta campaña —contra los “mexicanos”, contra los musulmanes, contra las mujeres, los discapacitados...

Tengo un problema con el partido del elefante que tiene esperanzas de reeducar a Trump en los principios conservadores. Los seguidores de Trump no profesan lealtad al partido republicano, su partido es Trump y su programa es la posibilidad de enviar un corte de mangas a Washington en general y a la Casa Blanca en particular. Y el mensaje que envía el partido conservador es que se unirá a un calumniador en jefe que se ofende cuando los periodistas le hacen preguntas incómodas.

Hay quien compara a Trump con el séptimo presidente de EEUU, Andrew Jackson, aquel demócrata absolutista cargado de seguidores. El llamado “King Andrew” del siglo XIX podría renacer en el King Donald del siglo XXI —y no será una película de Disney precisamente. El legado de Jackson fue generar una oposición que daría paso al Whig Party que se consolidaría en el Partido Republicano dando paso al sistema bipartidista. ¿Será King Trump quien cree un tercer partido?