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Así se hermanarán la cultura vasca y la californiana en el Mall de Washington

FolkLIfe Festival del Smithsonian
FandangObon es una colaboración entre artistas japoneses californianos y artistas mexicanos californianos.

FandangObon es una colaboración entre artistas japoneses californianos y artistas mexicanos californianos.

Ya casi está preparada la cancha para jugar a la pelota vasca con su paleta de madera, los bertsolaris o improvisadores populares de versos en euskera (la lengua vasca) afinan sus rimas, y una banda de músicos chicanos y japoneses-estadounidenses junto a un grupo de bailarines se preparan para mostrarle al público todo lo que tienen en común.

El Smithsonian Folklife Festival inaugura su evento anual el miércoles 29 de junio en el Mall Nacional de Washington con su habitual menú cultural para deleitar la vista, llenar los oídos y embriagar de aromas a unos visitantes que podrán consumir una variedad de productos del quehacer comunitario. Además, los organizadores reivindicarán la resiliencia cultural, proponiendo que la tradición puede y debe coexistir con la modernidad. Esto es lo que se examinará en los dos programas del festival este año:

“Basque: Innovation by Culture” mostrará la gastronomía, la artesanía, la industria, los deportes y el activismo lingüístico de una región europea de espíritu independiente que se extiende entre el norte de España y el sur de Francia. Artistas del País Vasco español y francés se unirán a sus colegas de la diáspora vasca en Estados Unidos.

El segundo programa recibe el nombre de “Sounds of California” pero evitará los acordes surfistas y a los Beach Boys para sugerir que la música que surge de vecindarios afganos, armenios, filipinos, japoneses, mexicanos o nativo-estadounidenses es igualmente emblemática en un estado que se ha convertido en una de las encrucijadas migratorias más vitalistas que existen hoy en el mundo.

“El País Vasco y California son lugares donde innovación y tradición coexisten y se retroalimentan”, dice Sabrina Lynn Motley, directora del festival. “La cultura les ha hecho fuertes en su propio territorio pero también les ha permitido abrirse a los otros”.

El festival, que incluye conciertos nocturnos, se celebrará del 29 de junio al 4 de julio y, en una segunda fase, continuará del 7 al 10 de julio en el Mall de Washington, entre las calles 4 y 7. Todos los programas y presentaciones son gratis. Sólo se necesitará pagar por la comida, las artesanías y los CDs que se pondrán a la venta. El “Mercado” del Smithsonian se instalará en el “Arts & Industries Building” que se acaba de renovar.

■ La identidad vasca.

Una de las claves de la resiliencia cultural vasca es su idioma, el euskera. Una lengua sin relación directa a ninguna de las que hoy existen en el mundo y cuyos hablantes son descendientes de los habitantes originales de esa parte del planeta. El euskera estuvo a punto de perderse después de la guerra civil española (1936-1939) cuando la dictadura del general Franco lo prohibió y en Francia el idioma no recibió el apoyo necesario.

Una resistencia cultural organizada evitó la desaparición del euskera en la península Ibérica y hoy casi un millón de personas lo habla en lugares como Buffalo, Wyoming, y Boise, Idaho, donde existe un programa preescolar de inmersión en euskera.

La lengua es lo que ayuda a darle sentido a tradiciones culturales que han sobrevivido por siglos, dice Mary S. Linn, co-responsable del programa vasco.

Para los vascos, el euskera no es un medio sino un mensaje en si mismo que da origen y sustenta la práctica de la bertzolaritza, el arte de cantar en verso de manera improvisada para conversar o pronunciar un discurso, rimando y con una métrica establecida. La invención, la disposición de los elementos y la expresión se realiza simultáneamente. Los bertsolaris se entrenan como auténticos atletas lingüísticos.

“En mi colección de rimas cuento con más de 800 palabras”, dice Martín Goicoechea, quien participará en el festival, y explica en una entrevista publicada en el sitio web del Folklife Festival que si sabe que va a participar en Washington en el verano “preparo versos sobre el gobierno, los políticos y lo que está haciendo Obama. Voy a estar preparado en caso de que me lancen alguno de esos temas”.

El frontoia o frontón que se ha construído en el Mall albergará a alguna de las sesiones de bertzolaritza junto con demostraciones de pelota vasca entre otras actividades. También se podrá degustar la cocina vasca y contemplar las artesanías, el trabajo en hierro y la industria maritima.

Los vascos “disponen de un territorio pequeño”, dice Linn. “Han sido invadidos y conquistados durante siglos… han basado su resiliencia en su capacidad para la innovación”.

Los vascos han establecido estándares para la ecología marina y la salvaguardia de los bancos de peces que han influído al resto de Europa.

“Tus tradiciones no contradicen a tu modernidad”, dice Linn. “Es cierto, son pastores de ovejas y hacen quesos de manera artesanal… pero también saben de sostenibilidad y energías limpias. Son un buen ejemplo de como podemos ser fieles a nosotros mismos en un mundo globalizado”.

■ La otra California.

La música es una manera de mantenerse fieles a si mismas para las comunidades inmigrantes de California. Es también una manera de comunicarse con los demás, sobre todo cuando la música es parte de la vida diaria y no sólo parte del entretenimiento organizado o de un negocio, dice Sojin Kim, responsable de “Sounds of California”.

“Cumple una función fundamental en el bienestar y el tejido social de una comunidad”, dice Kim. “Está íntimamente relacionado con la manera en que las personas se entienden a si mismas como comunidad, como entienden su identidad, y es parte de los rituales y tradiciones que ayudan a definir una comunidad”.

Uno de los participantes es FandangObon, una colaboración entre artistas japoneses nacidos en California y artistas méxico-estadounidenses. Juntos exploran las raíces del fandango y el son jarocho —la fiesta y la música de Veracruz, México, a su paso por Los Angeles — y la tradición japonesa de los rituales Obon que incluyen la danza comunitaria bon odori con la que se da la bienvenida a los espíritus de los muertos. Toda la comunidad participa. Y así ocurrirá en el Mall de Washington.

“Esperamos que quienes nos visiten en el festival sientan la curiosidad y la emoción suficiente para participar y unirse a nuestro círculo”, dice Kim.

Tanto los músicos profesionales como los comunitarios que participarán en el festival han encontrado la manera de mezclar tradiciones por medio de la colaboración.

“Es parte de la resiliencia”, dice Kim. “Para que las tradiciones se mantengan tienen que ser relevantes. Asegurar la relevancia implica invitar a otras perspectivas. Se trata de expandir la relevancia a un grupo más amplio de personas”.

Algo que resultará de especial interés para la conversación política que se vive en Estados Unidos será la sección del festival denominada “On the Move: Migration and Immigration Today” en la que se invitará a los visitantes a que compartan su experiencia y tracen su herencia cultural.

“¿Cómo las migraciones y la inmigración son al mismo tiempo energía cultural y un reto?’, dice Motley, el director del festival. “¿Y cuál es la respuesta de las personas?”

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David Montgomery escribe para The Washington Post Sunday Magazine y Style. @dmontyjr