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Su hija es asesinada mientras espera en El Salvador la petición de asilo en Estados Unidos


Crisis de refugiados centroamericanos

Armando Trull/Para El Tiempo Latino @Trulldc | 10/14/2016, 4:01 p.m.
Su hija es asesinada mientras espera en El Salvador la petición de asilo en Estados Unidos
Mario, en su apartamento de Langley Park, Maryland, sujeta la foto de su hija Marisol asesinada por las pandillas en El Salvador mientras esperaba que le llegara la visa de asilo en Estados Unidos. (Armando Trull/Para El Tiempo Latino) | Armando Trull Para El Tiempo Latino

Muerta antes de conseguir refugio en Estados Unidos

Mario me enseña la foto de su hija Marisol. Estamos en su apartamento en Langley Park, Maryland, y las manos de Mario tiemblan.

“Ella y mi nieta estaban siempre felices cuando las visitaba en El Salvador”, dice y explica que su hija, de 21 años, recibió amenazas de muerte de la pandilla Barrio 18 en Morazán hace un año. Entonces, Mario, quien es residente legal de Estados Unidos desde hace 15 años, empezó el proceso de visas para Marisol, su nieta, un hijo adolescente y su esposa.

“Marisol estaba contenta que se iba a venir con todo y niña... pero se fue a otra parte. Así es la vida”, expresó Mario con palabras tensas y el rostro contraído. “A ella la sacaron de la casa como a las diez de la noche, la llevaron a un kilómetro y la mataron... Le pusieron el número 18 encima. Tremendo. Tremendo. Terrible”.

Mario teme ahora por la vida de su nieta de 2 años, por su esposa y su hijo.

“No quiero que los otros zipotes sufran igual, por eso quisiera que me ayudaran más ligeros para que pudieran venir ellos”, clama Mario y añade que luego del asesinato de Marisol, la familia huyó: “Allá dejaron tirada la casa de la familia porque ya no pueden vivir allí”.

Fui al lugar donde se encuentra escondida la familia de Mario en espera de las visas estadounidenses que les salvarían la vida.

Antonia, la esposa de Mario, cuida ahora de su hijo y su nieta. Vive llena de ansiedad. Dice que cada atardecer revive la terrible noche en que aquellos hombres irrumpieron en su casa con pistolas y se llevaron a Marisol.

“Ella dormía con su hija, llamaron a la puerta diciendo que era la policía y cuando abrí fueron al cuarto y se la llevaron, yo corrí a ver a mi nieta, la abracé y le pregunté ¿está viva mamita?”, cuenta Antonia.

Su nieta, Ana, se encontraba bien. Antonia fue a la policía para denunciar el secuestro, era medianoche. A las 5 de la madrugada, las autoridades encontraron el cuerpo de Marisol. Había recibido golpes, había sido apuñalada y presentaba heridas de bala.

“Fui donde encontraron el cuerpo de mi hija”, explica Antonia. “Es tan duro ver la sangre de tu propia hija tirada en el piso, sangre inocente”.

Antonia dice que el secuestro y asesinato de Marisol ha afectado profundamente a su nieta Anita.

Ana tiene dos años, su madre Marisol fue asesina en El Salvador por una pandilla. Ahora su abuelo, residente legal de Estados Unidos, trata de traer a la pequeña y al resto de la familia para que estén a salvo en este país. (Armando Trull/Para El Tiempo Latino)

Armando Trull Para El Tiempo Latino

Ana tiene dos años, su madre Marisol fue asesina en El Salvador por una pandilla. Ahora su abuelo, residente legal de Estados Unidos, trata de traer a la pequeña y al resto de la familia para que estén a salvo en este país. (Armando Trull/Para El Tiempo Latino)

Le pido a la pequeña Ana que me enseñe sus juguetes favoritos. Ella corre al dormitorio y de un cesto saca una muñeca de plástico, sin ropa y de cabello morado. La mirada de Ana parece perdida. No sonríe. Antonia dice que está así de callada desde que murió su mamá. La familia de Mario es un trágico ejemplo de un grave problema centroamericano. Organismos internacionales estiman que casi medio millón de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos se han visto obligados a huir de sus hogares debido a la violencia. Son desplazados dentro de sus países. Y muchos emigran.