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Agentes fronterizos golpearon a un inmigrante indocumentado hasta la muerte. Ahora EE.UU le paga $1 millón a su familia


Los más de una docena de agentes que golpearon a Anastacio Hernández hasta matarlo no han sido despedidos, suspendidos o “han perdido un centavo de su salario”, según el abogado de la familia.

Cleve R. Wootson Jr. | The Washington Post · | 4/3/2017, 9:47 a.m.
Agentes fronterizos golpearon a un inmigrante indocumentado hasta la muerte. Ahora EE.UU le paga $1 millón a su familia
La frontera entre EE.UU y México en Brownsville, Texas. | Zoeann Murphy/Washington Post

Lea la primera parte de esta entrega especial Muerte en la frontera aquí.

Los últimos gritos de Anastacio Hernández habían atraído a una multitud.

El inmigrante indocumentado gritó en español “ayúdame” y “no hice nada” mientras más de una docena de agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos lo golpeaban con bastones y le daban descargas eléctricas con una pistola (Taser) una y otra vez.

Cuando el hombre estaba ensangrentado e inconsciente, los agentes de la Patrulla Fronteriza voltearon su atención a un puente peatonal cercano, donde los espectadores sorprendidos miraron y grabaron con pequeñas cámaras, dijo un testigo.

“Escuché a alguien pasar decir ‘la imigra’”, dijo al Washington Post Ashley Young, una de las personas que tenía una cámara esa noche, usando la frase en español para referirse a los agentes de inmigración. “Miré a mi alrededor, y dos oficiales cruzaban el puente para ahuyentar a la gente, para asegurarse de que la gente dejara de mirar”.

Los agentes de inmigración estaban agarrando las cámaras de las personas una a una, dijo Young, y preguntando: “¿Qué grabaste?, vamos a borrarlo”.

Young tomó una decisión rápida antes de llegar al final de la fila: “Me metí la tarjeta SD en mis pantalones”.

La historia de la muerte de Hernández en 2010 en la frontera entre Tijuana y San Diego, respaldada por el video en esa tarjeta, ejemplifica la brutalidad de los agentes que patrullan la frontera y la impunidad con la que actúan, dicen los abogados que está a favor de una reforma de la Patrulla Fronteriza.

Estados Unidos resolvió el pleito con la herencia de Hernández el mes pasado, aceptando repartir un millón de dólares a sus cinco hijos y a su pareja, Maria Puga. La batalla podría haberse prolongado durante años en los tribunales, dijo el abogado de la familia, pero estaban preocupados porque el presidente Trump podría convertir la muerte de Hernández en un asunto político en medio de los esfuerzos por fortalecer la seguridad fronteriza.

Sin embargo, ninguno de los agentes involucrados ha sido despedido, disciplinado o “dejado de ganar un centavo de su salario”, por una paliza que le rompió cinco costillas de Hernández, dañó su columna vertebral y finalmente lo mató, según Eugene Iredale, abogado de la familia, que afirma que el inmigrante fue esposado mientras era golpeado.

“En 90 minutos, este caso ejemplifica el rango de deficiencia y mala conducta que tipifica la acción de la policía que maneja la aplicación de las leyes migratorias”, dijo Iredale al Washington Post. “Estos agentes están haciendo esto delante de Dios y del mundo”.

Visa pasada Hernández cruzó a los Estados Unidos a los 15 años y vivió los siguientes 27 años como inmigrante indocumentado.

En mayo de 2010, la policía de San Diego detuvo al hombre de 42 años después de que intentara robar carne y tequila de una tienda de comestibles, según un reporte de PBS, que dijo que los artículos pudieron haber sido para la celebración del Día de la Madre. Las computadoras del departamento de policía mostraron que estaba ilegalmente en el país y fue deportado a México sin incidentes.