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Editorial del Washington Post: El “diálogo” no rescatará a Venezuela


Opinión | The Washington Post | 4/4/2017, 10:06 a.m.
Editorial del Washington Post: El “diálogo” no rescatará a Venezuela
Venezolanos residentes en Washington, DC, protestaron el lunes 3 de abril frente a la OEA tras enterarse de que la sesión sobre Venezuela había sido cancelada por Bolivia. El Consejo Permanente de la OEA inició la sesión sobre Venezuela luego, esta vez presidida por Honduras. | EFE/LENIN NOLLY

La relativa buena noticia de Venezuela, que está soportando la peor crisis política, económica y humanitaria que el hemisferio occidental ha visto en este siglo, es que las naciones latinoamericanas finalmente están mostrando la voluntad de reclamar al presidente Nicolás Maduro por sus abusos de poder. Aún mejor, a pesar de sus declaraciones sobre el imperialismo yanqui y los insultos groseros lanzados a sus vecinos más cercanos, el régimen está demostrando un temor saludable de convertirse en un paria regional.

Apenas unos días después de que 14 miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) dieran a conocer una carta dirigida al gobierno de Maduro pidiendo que restaurara los poderes a la Asamblea Nacional popularmente electa, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) controlado por el régimen emitió una decisión la semana pasada despojando al Poder Legislativo de toda la autoridad que le quedaba. La reacción internacional fue inmediata: el gobierno de Maduro fue denunciado por países de todo el hemisferio, y Colombia, Chile y Perú retiraron a sus embajadores de Caracas. Veinte miembros de la OEA pidieron el lunes una reunión de emergencia del consejo permanente de la organización, que aprobó una resolución que pide “medidas que permitan el retorno al orden democrático” en Venezuela.

La presión tenía un efecto claro. Fisuras abiertas en el régimen: La fiscal general celebró una conferencia de prensa para decir que la sentencia del TSJ era “una ruptura del orden constitucional”. Según el Wall Street Journal, Maduro fue presionado por el jefe de las Fuerzas Armadas. Finalmente, el presidente se vio obligado a celebrar una reunión a medianoche del Consejo de Seguridad Nacional, después de lo cual pidió al tribunal que revisara su decisión. El sábado, el TSJ cumplió, a costa de dejar más claro que nunca que no forma parte de un poder judicial independiente, sino simplemente un instrumento del régimen autoritario fundado por Hugo Chávez.

En realidad, el fallo original no cambió mucho. El tribunal ya ha anulado todas las decisiones tomadas por la Asamblea Nacional desde que la oposición ganó dos tercios de sus escaños a finales de 2015. Maduro ha estado gobernando por decreto. El principal impulso de la última decisión, desde el punto de vista doméstico, no fue el golpe de gracia de la Asamblea Nacional, sino una decisión relacionada que autorizó al presidente a firmar acuerdos petroleros con inversionistas extranjeros sin la revisión Poder Legislativo. Maduro está buscando desesperadamente un rescate antes de que venza el plazo para pagar una porción grande del servicio de la deuda este mes, y esa parte de la sentencia judicial no se revirtió.

Sin embargo, es alentador que los vecinos de Venezuela se orienten lentamente hacia una posición en defensa de su moribunda democracia. Los miembros de la OEA, incluido Venezuela, firmaron en 2001 un tratado que los compromete con llevar adelante un gobierno constitucional, la libertad de expresión y realizar elecciones regularmente. La Carta Democrática Interamericana pide una acción colectiva cuando se violan esas normas. Sin embargo, mientras Almagro ha presionado por la acción contra el gobierno de Maduro durante más de un año, la mayoría de los gobiernos -incluyendo a Estados Unidos- han preferido esconderse tras los inútiles llamados a un “diálogo” entre el régimen y su oposición.

El Departamento de Estado reiteró esa convocatoria al diálogo la semana pasada y descartó la posibilidad de actuar a corto plazo para suspender la adhesión de Venezuela a la OEA, como propuse Almagro. Más tarde ese mismo día llegó el golpe de Caracas contra la Asamblea Nacional. Lo que siguió debería ser una lección para el gobierno de Trump: Sólo una presión externa concertada, no más diálogos vacíos, puede rescatar a Venezuela.

(Traducción El Tiempo Latino/El Planeta Media).