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OPINIÓN: Cuando luchamos por los inmigrantes, luchamos por todos los trabajadores


Directivos del sindicato SEIU escribieron una columna de opinión sobre su motivación para organizar las movilizaciones del 1 de mayo

Héctor Figueroa, Presidente y Roxana Rivera, Vicepresidenta de 32BJ SEIU | 4/26/2017, 2:38 p.m.
OPINIÓN: Cuando luchamos por los inmigrantes, luchamos por todos los trabajadores
Rally de trabajadores en enero de 2017 | SEIU

El sistemático intento del gobierno de Trump de criminalizar a los inmigrantes, no es sólo un asalto a los derechos civiles de los nacidos fuera de Estados Unidos, pero un rumbo peligroso que ya está teniendo drásticas consecuencias en comunidades por todo el país, a medida que continúan los crímenes de odio contra los inmigrantes y contra quienes son percibidos como extranjeros.

Como un sindicato que aspira a honrar el lema “Unidos Somos Más Fuertes”, no podemos seguir callados mientras la sacrificada gente trabajadora y buena con profundas raíces en este país -nuestros compañeros y compañeras- son arriados como ganado.


El argumento a favor de estar unidos y ser más fuertes no es solamente moral, es también simple sentido común. Todo trabajador en nuestro país, sin importar su país de origen o su estatus migratorio, tiene derechos como ser humano y como trabajador. Si nosotros socavamos esos derechos al discriminar a los trabajadores debido a su estatus, estamos forzando a los trabajadores a recibir salarios subhumanos y a aceptar condiciones de trabajo inseguras. Eso, a su vez, debilita la posición de todos los trabajadores.


En contraste con esto, existe evidencia irrefutable que los trabajadores inmigrantes -incluidos los indocumentados que están acá “ilegalmente”- fortalecen a nuestro país con su trabajo, con el ejercicio de sus derechos y con los impuestos que pagan. Esta gente se merece respeto, no censura.


Nos referimos a personas como Juan Vivares, el amoroso padre de un bebé de 14 meses, que es esposo de Yahaira Burgos, una afiliada del sindicato 32BJ. Juan fue enviado a un centro de detención de inmigrantes a miles de millas de su familia y casi fue deportado, pese a no haber cometido ningún crimen y, a pesar de que su esposa e hijo son ambos ciudadanos de los Estados Unidos.

También hablamos de gente como Carlos Hernández, el muy querido administrador de un restaurante en el pueblo minero de West Frankfort, Illinois, quien enfrenta su deportación tras pasar una vida ofreciéndose como voluntario en todos los eventos comunitarios que pudo encontrar.

O nos viene a la mente José Escobar, habitante de Houston quien, a sus 31 años, es padre, está casado con una ciudadana americana y carece de antecedente criminales, pero fue deportado a El Salvador en marzo pasado.

Y no podemos dejar por fuera a afiliados de la SEIU como el Dr. Kamal Fadlalla, un inmigrante de Sudán de 33 años de edad, que está en el segundo año de su residencia en medicina interna en el Centro Interfaith Medical de Brooklyn y que es afiliado del sindicato CIR. Cuando la exclusión de musulmanes entró en vigencia, el Dr. Fadlalla estaba visitando a su familia en Sudán y se le prohibió retornar a los EE.UU. por más de una semana, hasta que una Corte Federal de Seattle ordenó que se le permita regresar al territorio estadounidense. El Dr. Fadlalla finalmente llegó al aeropuerto JFK el domingo pasado y fue recibido por sus colegas, sus compañeros del sindicato y funcionarios electos, todos ansiosos de verlo llegar.