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Estrella de fútbol deportada debe construir su vida en El Salvador


Lizandro Claros Saravia, de 19 años, y su hermano mayor Diego, fueron deportados de EEUU después de vivir en Maryland desde 2009.

Maria Sacchetti | The Washington Post | 8/22/2017, 2:19 p.m.
Estrella de fútbol deportada debe construir su vida en El Salvador
El futbolista que iba camino a la universidad Lizandro Emmanuel Claros Saravia, de 19 años, y su hermano mayor, Diego Gerardo Claros Saravia, de 22 años, viven ahora en El Salvador. | Sarah L. Voisin — The Washington Post

SAN SALVADOR, El Salvador - Se suponía que por estos días Lizandro Claros Saravia ya estaría en la universidad de Carolina del Norte. En la práctica de fútbol. En la biblioteca.

En cambio, la estrella de fútbol de 19 años de Germantown, Maryland, está a cientos de kilómetros de distancia, en una sofocante nación centroamericana que apenas reconoce y a veces teme.

Los funcionarios de inmigración estadounidenses rápidamente lo deportaron a él y a su hermano mayor, Diego, el 2 de agosto, días después de que Lizandro les dijo durante una visita de rutina que tenía una beca para asistir al Louisburg College.

"No sé qué vamos a hacer", dijo Lizandro, con la mirada fija en una entrevista aquí la semana pasada, mientras él y su hermano esperaban recoger en el aeropuerto a su abuelo de 83 años, que había estado de visita en Estados Unidos con una visa cuando sus nietos fueron deportados. "Siento como que en este país no tengo futuro".

Lizandro Claros Saravia, de 19 años, y su hermano mayor, Diego Claros Saravia, de 22 años, recogen a su abuelo, Pedro Orellana, en el Aeropuerto Internacional de San Salvador el 16 de agosto. Los hermanos, inmigrantes indocumentados de Maryland, fueron deportados el 2 de agosto.

Lizandro Claros Saravia, de 19 años, y su hermano mayor, Diego Claros Saravia, de 22 años, recogen a su abuelo, Pedro Orellana, en el Aeropuerto Internacional de San Salvador el 16 de agosto. Los hermanos, inmigrantes indocumentados de Maryland, fueron deportados el 2 de agosto.

La expulsión de los hermanos, ambos egresados de la escuela secundaria de Gaithersburg y ninguno de los cuales había sido acusado de haber cometido delito alguno en Estados Unidos, indignó a los legisladores demócratas y a los defensores de los inmigrantes, así como a sus maestros, amigos y compañeros de equipo.

Lizandro y Diego, de 22 años, usaron visas y pasaportes fraudulentos para entrar a Estados Unidos en 2009 y reunirse con su familia, algunos de los cuales también estaban en EEUU ilegalmente. Lizandro tenía 10 años, según el Departamento de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Su hermano tenía 14 años.

A ellos se les otorgó una orden de deportación en 2012 pero esa orden se suspendió en 2013. Dos solicitudes subsiguientes de estancias fueron denegadas. Pero con sus registros limpios y diplomas de escuela secundaria, los hermanos no eran una prioridad para la deportación bajo la administración de Obama.

Bajo el presidente Donald Trump, sin embargo, ya no hay "grilletes" (o esposas), en las palabras del director interino del ICE, Thomas Homan. Cualquier persona que viole la ley de inmigración puede ser blanco de deportación. Los funcionarios dicen que quieren reducir la población de inmigrantes indocumentados de la nación, actualmente de alrededor de 11 millones de personas, y disuadir a los posibles migrantes de hacer el viaje ilegal, y a veces mortal, hacia el norte.

Los críticos dicen que el enfoque de la administración Trump está quitándole a EEUU inmigrantes talentosos y dedicados, y poniendo en peligro a jóvenes americanizados al enviarlos ahora a sus desconocidas países de origen sin sus familias.

El diputado por el partido demócrata John Delaney (Maryland) criticó a ICE por deportar a los hermanos a El Salvador, que él calificó como uno de los "países más violentos del mundo". El ejecutivo demócrata del Condado de Montgomery, Isiah Leggett, dijo que "ICE debería avergonzarse de sí mismo".

Los compañeros de equipo de Lizandro en el Club de Fútbol de Bethesda -él los llama sus "hermanos"- han iniciado una recolección de dinero con la esperanza de ayudarle algún día a realizar su sueño de convertirse en el primero de su familia en obtener un título universitario.