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La mujer que ganó la lotería en El Salvador y por una traición emigró a EE.UU.


Hoy, María Isabel Guevara, de la Isla Zacatillo, vende frutas y otros alimentos en el barrio latino en DC

Gabriela López | Especial para El Tiempo Latinola | 8/22/2017, 4:54 p.m.
La mujer que ganó la lotería en El Salvador y por una traición emigró a EE.UU.
PERSISTENTE. La salvadoreña María Isabel Guevara vende mango, tamales y otros alimentos en las cercanías de la Columbia Heights Educational Campus y las calles Columbia Road, 14th, 15th y 16th Streets en el Noroeste de Washington, DC. | Gabriela López para ETL

Gabriela López para ETL

A sus escasos 22 años María Isabel Guevara atravesaba una crisis económica intensa junto a sus cuatro pequeños hijos y esposo, en la Isla Zacatillo, La Unión, un paradisíaco lugar de El Salvador, pero que no brindaba mayores oportunidades de subsistencia.

Era por los años 80 cuando la suerte le sonreía, luego de la insistencia de su cuñada y una fuerte corazonada María compró un número de la lotería con lo pocos centavos que cargaba y ese mismo domingo ganó 600 colones -moneda nacional en ese tiempo-, cuatro semanas consecutivas participó y las ganó todas. En total logró reunir tres mil colones, que en comparación con el dólar eran alrededor de $350.

Gabriela López para ETL

La suficiente cantidad para iniciar su propio negocio y así alimentar a su familia, pues era la única que aportaba a su hogar, debido a que su cónyuge 35 años mayor a ella se había refugiado en la bebida tiempo atrás. "Dios ha hecho maravillas conmigo, porque estaba en el piso y me levantó de la nada. Con los centavitos que me gané en la lotería logré poner mi tiendita, la llené de arroz, frijoles y maíz; le puse de nombre ¨Regalo de Dios¨, porque él me la obsequió", dijo Guevara a El Tiempo Latino.

Pero esta alegría duraría poco, su negocio se vino abajo luego de descubrir que su esposo le estaba robando. Tras una fuerte decepción por lo sucedido y ver sufrir de nuevo a sus hijos en la miseria, Guevara se vio forzada a buscar otros caminos y fue cuando en 1991 emigró a los Estados Unidos. "El papá de mis hijos me decepcionó, porque me robó varias veces, eso no se lo perdoné. Yo vendía hasta 1200 colones diarios, pero me quedé casi en la calle por sus robos". Con miedo, hambre y sed la salvadoreña pasó casi dos meses a la intemperie hasta llegar a este país, y afirma que nunca más haría ese viaje.

Junto a su amiga Rufina originaria de la misma isla, iniciaron a trabajar con una pareja de salvadoreños, en donde hacían diversos tipos de comida, ganando $150 a la semana y trabajando por largas jornadas. Recuerda que solo descansaba los lunes y en días laborales solo dormía entre dos y tres horas.

Luego de dos años trabajando en esas condiciones, empezó a laborar con otra pareja salvadoreña en donde la situación no mejoró; ganaba lo mismo, trabajaba 16 horas al día y no le daban permiso de comer durante su jornada laboral, "Yo le decía que tenía hambre y ella me respondía: yo no te traje para que comas sino para trabajar. La necesidad me obligaba, hasta que llegaba a la casa a las nueve de la noche iba a comer", recordó decepcionada.

Luego de una fuerte nevada y afligida que durante esa estación del año no tenía trabajo, le pidió a su jefa un adelanto de sueldo para poderle enviar dinero a sus hijos en El Salvador, sin embargo, la respuesta que recibió marcó su vida y hasta la fecha no la ha podido borrar de su mente. "Sólo los ladrones piden dinero por adelantado", le dijo la mujer. "Cuando me dijo eso sentí una puñalada, yo no soy ladrona le respondí, sólo le estoy pidiendo porque mis hijos tienen hambre -dijo entre lágrimas y una larga pausa- y fue donde yo agarré la carreta".