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Honduras está en llamas. ¿Por qué debería importarnos?


"Es fácil pasar por alto que el pequeño país de Honduras está experimentando su segundo golpe de Estado en ocho años"

Jennifer Burgos | 12/15/2017, 1:11 p.m.
Honduras está en llamas. ¿Por qué debería importarnos?
Una mujer de Honduras sostiene su bandera | MartinCalix-Contracorriente

No mucho después de la publicación del primer estudio del LAPOP, el Wilson Center sacó su propio análisis de los programas de la CARSI en Honduras y Guatemala. Si bien afirmaron que algunos programas hondureños parecían ser prometedores, sobre todo en la región del Bajo Aguan, también “identifican áreas con una debilidad significativa para los programas de la CARSI…En general, los estudios demuestran que la CARSI no refleja una estrategia integrada para lidiar con las graves amenazas de seguridad en Centroamérica y, por lo tanto, ha tenido un impacto mínimo sobre los factores que motivan el aumento en migración de Centroamérica desde 2011”. No obstante, en el año fiscal 2016, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un paquete de ayuda financiera sin precedentes, por la cantidad de USD 750 millones (se habían solicitado mil millones). La suma equivale a “la misma cantidad que los Estados Unidos dio a toda la región a través de la CARSI entre 2008 y 2014”. De los USD 750 millones, USD 348.5 millones se adjudicaron a la CARSI.

Aún hay dudas sobre cómo se está usando una suma tan ingente de dinero. Los beneficiarios de la CARSI mencionan la falta de fondos y la dependencia en coordinadores voluntarios, quienes supuestamente dan clases de Zumba en un gimnasio que construyeron ellos mismos para ayudar a pagar sus centros. Sin ningún mecanismo de medición y análisis, y con un gobierno famoso por la malversación de fondos, es necesario reflexionar en cómo se está usando este dinero, o si nuevamente “se convertirá en una oportunidad para que compañías estadounidenses exploten la región aún más”.

Tan solo dos días después de las tensas elecciones hondureñas, el 28 de noviembre de 2017, el Departamento de Estado de los Estados Unidos dio la luz verde para que se liberaran millones de dólares en ayuda para Honduras, sosteniendo que ya habían cumplido con sus obligaciones en cuanto a derechos humanos y lucha contra la corrupción.

Principios democráticos

“La Constitución de Honduras prohíbe la reelección presidencial. De hecho, el documento incluso exige la dimisión inmediata del presidente en mando que se atreva a promover enmiendas a este veto”, escribe Jan Schakowsky, representante del 9.° distrito electoral de Illinois para el Congreso de los Estados Unidos, en un artículo de opinión para The New York Times del 23 de noviembre de 2017. Esa bien podría ser la primera oración de un libro en retrospectiva a partir de hoy, que hiciera una revisión de la historia de la intervención y, prácticamente, posesión de Honduras por parte de los Estados Unidos, desde William Walker y sus intentos de colonización a mediados del siglo antepasado; hasta Sam Zemurray, la United Fruit Company y la primera vez que se usó el término “República Bananera” en el siglo XX; llegando hasta el golpe de estado en el 2009, establecido y legitimado por los Estados Unidos.

La intervención tosca y evidente ha sido más o menos la norma en la historia moderna de Honduras y América Latina, contando en ella a muchos dictadores y sus secuaces, que han sido filtrados por la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos. Sumado a que los políticos estaban dispuestos a despedazar y vender su propio país e instituciones al mejor postor, se encuentra la permanente sed de los intereses privados y gubernamentales de los Estados Unidos, lo cual deriva en que Honduras nunca haya tenido posibilidades reales.