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El año del cambio


1/1/2017, 4:31 p.m.

Las fiestas de fin de año son, por definición, un periodo de pausa y reflexión, una oportunidad inmejorable para celebrar los logros, repasar las lecciones aprendidas, incluidos los errores, pero también son un momento de renovar la esperanza y comprometer los buenos propósitos para un nuevo ciclo de la vida.

El desenlace de las elecciones del 8 de noviembre representará para millones de personas un antes y un después. Para más de la mitad de los 120 millones que emitieron su voto, incluidos millones de miembros de la comunidad de inmigrantes, el resultado no es sólo una decepción, sino motivo de temor e incertidumbre.

El rostro del miedo no sólo tiene la fisonomía de posibles redadas, detenciones y deportaciones masivas, sino de un número infinito de humillaciones y discriminaciones cotidianas. Desde el día de las elecciones se han registrado cientos de incidentes racistas y de odio, y no parece haber un sentido de urgencia del próximo liderazgo para frenarlas.

Pero para casi la mitad de quienes emitieron su voto, el desenlace es una fuente de esperanza, luego de sentirse durante décadas ignorados y desdeñados por las elites políticas liberales y conservadoras de los centros de poder político y económico en Washington DC y Wall Street.

Es indudable que, más allá de las preferencias políticas personales, el próximo año será uno de cambios, no sólo en la esfera de los asuntos domésticos como la economía, la salud o la migración, sino también en asuntos foráneos que impactan el comercio y la seguridad nacional de los Estados Unidos.

“Una de las grandes lecciones del 2016 fue que cada voto cuenta”.

El presidente electo ha prometido crear millones de empleos, deportar a millones de inmigrantes indocumentados con record criminal, abolir Obamacare y reconsiderar sus relaciones con países como China y Rusia, además de renegociar los acuerdos comerciales del país, empezando por el TLCAN con México y China.

Algunas de las posiciones del presidente electo han sufrido cambios en las últimas semanas, como parte de la evolución natural del periodo de hacer campaña a la era de hacer gobierno. Tales ajustes en sus posturas han generado un lógico nivel de incertidumbre, no sólo dentro sino fuera del país.

Para la comunidad de inmigrantes es vital mantenerse informados cotidianamente del curso de la etapa de transición, de las declaraciones y posicionamientos en los temas de mayor interés personal, para evitar caer víctimas de personas inescrupulosas que buscan medrar con el temor.

Por fortuna existen muchos recursos a nuestro alcance, especialmente de organizaciones comunitarias que están listas a tender la mano a aquellos más vulnerables. No cabe el nerviosismo sino la determinación de mantenernos atentos a esta ola de cambios potenciales no sólo para evitar que nos afecten sino para hacer que nos beneficien.

Una de las grandes lecciones del 2016 fue que cada voto cuenta. Es un llamado de alerta para los millones de latinos que son residentes permanentes elegibles a naturalizarse y para los ciudadanos que no están registrados para votar. Llegó a la hora de dejar de ser espectadores, para ser actores en la definición de nuestro futuro colectivo.