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Niegan la apelación de deportación a una activista local


Wendy Uruchi Contreras, quien trabajaba para la organización CASA, debe abandonar el país de inmediato, dejando a su esposo y sus dos hijos

Michael E. Miller. The Washington Post | 1/26/2017, 8:51 a.m.
Niegan la apelación de deportación a una activista local
Giovani Jiménez, en el centro de la foto, se limpia una lágrima mientras está rodeado por su hijo, Alex, de 13 años, y su hija, Lucia, de 7 años, en una manifestación de CASA fuera de la oficina de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos. | FOTO: Washington Post | Ricky Carioti

Uruchi se casó con Jiménez, tuvieron dos hijos y se establecieron en Virginia. Él trabajó como camionero; ella limpiaba habitaciones de hotel y comenzó a trabajar como voluntaria en CASA en 2013, donde contratada a tiempo completo como organizadora comunitaria de Virginia al año siguiente.

Incluso mientras ayudaba a inmigrantes indocumentados a combatir la deportación, Uruchi logró ocultar su propio estatus.

Amigos y compañeros de trabajo se sorprendieron cuando, después de declararse culpable de un cargo de DUI el 28 de mayo en el condado de Stafford, Virginia, Uruchi fue trasladada bajo custodia de funcionarios del ICE, quienes le dijeron que sería deportada.

Debido a que había ingresado bajo el programa de exención de visas, Uruchi no tenía derecho a una audiencia con un juez de inmigración. En cambio, su destino estaba en manos de los funcionarios de ICE.

González preparó una moción para la apelación de la deportación, argumentando que el envío de Uruchi a España sería un duro golpe para sus dos hijos. El pequeño Alex necesitaba la ayuda de su madre para tratar el síndrome de Asperger. Lucía se despertó en medio de la noche llorando por su madre.

El día de Halloween, un mes después de que el Washington Post informara sobre el caso de Uruchi, los funcionarios de ICE rechazaron su petición de suspensión de la deportación.

La apelación de Uruchi fue negada el 14 de noviembre. Una semana después, CASA organizó una protesta fuera de la sede del ICE en Washington, y Jiménez pidió públicamente a los funcionarios de inmigración que reunieran a su familia para la Navidad.

"Mi esposa no es un criminal", dijo Jiménez, quien calificó la detención de su esposa como "algo que puede pasarle a cualquiera".

La semana pasada, funcionarios le dijeron a Jiménez que su esposa sería deportada de inmediato. El domingo, él y los niños fueron a verla por última vez en la cárcel Virginia Peninsula Regional Jail en Williamsburg.

Uruchi, quien es por lo general una desafiante activista, se quebró.

"Empezó a llorar", dijo Jiménez. "Ella dijo que lo sentía mucho, pero que pronto estaríamos todos juntos".

Jiménez explicó que él y los niños permanecerían en los Estados Unidos hasta por lo menos el final del año escolar, y abrigó la esperanza de que a su esposa de alguna manera se le permitiera volver rápidamente. Si no, dijo, entonces los tres se mudarían a Madrid este verano.

"No tendríamos trabajo, ni lugar para vivir, mis hijos tendrían que aprender español", dijo. "Tenemos que empezar desde cero."


Traducido por El Tiempo Latino / El Planeta Media