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Una cena que cambia vidas


Bajo la imponente estructura del Santuario Sagrado Corazón en DC ocurre un milagro a diario para los desamparados

Ricardo Sánchez-Silva | 6/2/2017, 9:14 p.m.
Una cena que cambia vidas
Bajo la imponente estructura del Santuario Sagrado Corazón en DC ocurre un milagro a diario para los desamparados | Ricardo Sánchez-Silva / El Tiempo Latino

Desde hace más de diez años, todos los días, excepto fines de semana, se abren las puertas del sótano de la Iglesia Sagrado Corazón en la calle 16 de Washington DC, para ofrecer el acostumbrado programa de alimentación a los desamparados, que deambulan sin rumbo en las calles. Los primeros en entrar son los voluntarios, algo que forma parte de esa rutina.

Justo abajo de la imponente estructura del santuario, ocurre un milagro a diario. A las 4 pm los voluntarios entran al “Salón Parroquial” para empezar a organizar las mesas y sillas, desempacar la comida recibida y preparar todo para el recibimiento de los invitados a la cena una hora más tarde. El sótano abre sus puertas y lo primero que se ve es un gran escenario al fondo, es un espacio amplio y cómodo para la actividad.

Después de ingresar, todos esperan con ansias el banquete. Algunos se sientan, mientras que otros deciden esperar de pie. Se puede ver a un muchacho de unos 30 años durmiendo sobre una de las mesas circulares, que el programa adquirió recientemente. “El papá se lo lleva a su casa, pero él no quiere estar allí. Es latino… Ha estado preso. Solo él sabe cual es su problema”, comenta Benjamín Rodríguez, un señor que acostumbra visitar el lugar al menos tres veces a la semana para conversar con los demás, ofrecer consejos y pasar el tiempo.

Justo a las 5 pm la coordinadora del programa, Roxana Cruz, pide a todos que se formen en una fila para recibir sus alimentos. “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, son sus primeras palabras, inicia la oración en inglés y luego en español. Pide por las personas que no tienen casa y da las gracias por los alimentos. Los que tienen sombreros se los quitan y escuchan con atención. Al finalizar les pregunta si todos han recibido las reglas del recinto e inmediatamente empiezan a repartir la comida a las más de 50 personas que asistieron. En invierno alcanzan las 100 por día.

“Toda persona, sin importar su etnia, estado social, religión u orientación es bienvenida al programa de comida”, se lee en el papel con las reglas del lugar, que incluyen desde la prohibición del consumo o venta de bebidas alcohólicas y drogas in situ, hasta la advertencia sobre peleas, groserías y disturbios.

Roxana expresa su felicidad por tener la oportunidad de ayudar a los desposeídos del programa, que en un 50% son latinos. “Tenemos residentes, ciudadanos e indocumentados.

VOLUNTARIA. Roxana Cruz empezó de voluntaria en el programa a los 16 años.

VOLUNTARIA. Roxana Cruz empezó de voluntaria en el programa a los 16 años.

Convivimos con ellos, les hablamos. Hacemos encuestas para saber en qué los podemos ayudar. Hablan de bancarrota, adicciones, familiares enfermos por los que se tuvieron que endeudar y fueron embargados, otros fueron abandonados”.

De acuerdo a datos oficiales de la Alcaldía de Washington, DC obtenidos por Miguel Guilarte para El Tiempo Latino, del total de personas desamparadas en el área, los hispanos que no tienen un lugar donde vivir sin compañía de menores de edad constituyen el 9% y los grupos familiares alcanzan el 6.7%.