Quantcast
El Tiempo Latino
8:12 a.m. | 69° 6/26/2017

Agarró una pincel y descubrió un mundo de oportunidades


Rafael Rodriguez salió de El Salvador a los 17 años de edad y llegó al Condado Prince George de Maryland. Ahí se convirtió en artista y consiguió una beca universitaria

Arelis R. Hernández | The Washington Post | 5/10/2017, 12:46 p.m.
Agarró una pincel y descubrió un mundo de oportunidades
Rafael Rodriguez da los toques finales a una de sus pinturas en una de las casa de sus tías en el Condado de Prince George en Maryland, donde ha vivido desde que cruzó la frontera y fue detenido por el Gobierno de E.E.U.U. en 2013. | Foto del Washington Post por Marvin Joseph

La naturaleza muerta de frutas en estado de descomposición capturó la atención de Jon Rudnicki, un consejero de admisiones en la Escuela Superior de Arte de Maine que vino a Washington D.C. el otoño pasado para revisar los portafolios de estudiantes prospectos. Le llamó la atención el oscuro autorretrato titulado “Esclavos en Consentimiento”, el cual muestra al artista

Antes de que Rudnicki se diera cuenta, ya había pasado más de 20 minutos escuchando al joven delgado acerca de su aislamiento, frustración y optimismo - más de los típicos cinco minutos que permite para las reuniones con estudiantes.

“La intencionalidad detrás del trabajo era profunda. Él tenía una historia que contar”, dijo Rudnicki acerca de Rodriguez, un estudiante del último año de secundaría que se graduará el mes que viene. “Literalmente vi a miles de niños y miles de piezas de artes, y tiene un significado cuando la cara y el trabajo de un estudiante destaca. Lo quería ayudar a encontrar su voz”.

Rudnicki ayudó para que la Escuela admitiera a Rodriguez, de 21 años de edad, que huyó de la violencia en su país de origen, El Salvador, hace cuatro años y entró a los Estados Unidos ilegalmente para eventualmente ir a vivir con su tía en Maryland.

La escuela le ofreció una beca que pagaría cerca de la mitad del costo anual de 35 mil dólares durante cuatro años.

Y a diferencia de miles de otros inmigrantes indocumentados en edad universitaria, Rodriguez tiene una oportunidad de poder pedir un préstamo federal de estudiantes para cubrir el resto, gracias a un programa poco conocido pero con creciente demanda que le otorgará la residencia legal - y es más fácil para personas jóvenes accederlo en Maryland que en la mayor parte del país.

“Cuando hago arte me siento libre”, dijo Rodriguez, quien nunca había pintado antes de venir a los Estados Unidos. “Quiero formarme para ser un profesor de arte, tener mi propio estudio y enseñar a las personas de mi país la importancia de la educación. Eso es lo único que puede cambiar las cosas allá”.

Rafael Rodriguez, 21, habla acerca de su trabajo con la profesora de arte Harolyn Andrews de la Escuela Secundaria Noroeste durante la exhibición.

Foto del Washington Post por Arelis R. Hernandez

Rafael Rodriguez, 21, habla acerca de su trabajo con la profesora de arte Harolyn Andrews de la Escuela Secundaria Noroeste durante la exhibición.

Rodriguez se despidió de sus padres en El Salvador en 2013, cuando la violencia entre bandas rivales llegó a la puerta de su casa. Un primo había sido asesinado, ahora lo estaban a él y no era seguro que asistiera a la escuela”.

“Necesitaba irme”, dijo. Luego de semanas moviéndose entre guaridas en el norte de México, pasando hambre y sufriendo amenazas por parte de contrabandistas, el adolescente fue capturado por un agente de Patrullaje Fronterizo de los Estados Unidos cuando se encontraba cruzando a Hidalgo, Texas. La Oficina de Reubicación de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos lo entregó luego de varios días a su tía Sandra Molina, quien vive en Hyattsville. Se le exigió a Rodriguez que se presentara en corte cuando fuera requerido mientras vivía con Molina y asistía a la escuela secundaria.

En la Escuela Secundaria Noroeste de Hyattsville, Maryland, se unió con otros estudiantes indocumentados recién llegados. La escuela estaba poco preparada para esa afluencia, sin un consejero que hablara español y pocos recursos para satisfacer las necesidades de los recién llegados.