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El sueño de una madre latina hecho realidad


Gabriela López | Especial para El Tiempo Latino | 5/12/2017, 12:38 a.m.
El sueño de una madre latina hecho realidad
FAMILIA. Parados: Axel Villatoro, Gabriela López, Oswaldo Chavarría y Emma Villatoro. Sentados Ashly Chavarría, Anabella Monzón, Vitalino Mejía y Alejandra Chavarría. | Cortesía

En 1997, este semanario reseñó el sufrimiento de Anabella Monzón quien había dejado a sus hijos en Guatemala al emigrar a EE.UU. Hoy, dos décadas después, nos cuenta cómo reunificó a su familia en Washington con esfuerzo y amor


EDITORIAL. Comentario de El Tiempo Latino en su edición del 9 de mayo de 1997.

Cortesía

EDITORIAL. Comentario de El Tiempo Latino en su edición del 9 de mayo de 1997.

En víspera de la celebración del Día de las Madres en 1997, El Tiempo Latino publicó una nota editorial titulada “Maternidad inmigrante (un retrato necesariamente anónimo)” donde se contaban las penurias de “Ana”, una mujer centroamericana que trabajaba como niñera en Washington, DC, con el alma desgarrada por la forzada separación familiar.

Anabella Monzón Grijalva (Ana) cuidaba en ese entonces a dos niños ajenos, con mucho amor, pero con el corazón hecho pedazos por vivir lejos de sus tres hijos, a quienes había dejado en Guatemala, país del que había emigrado buscando el sueño americano y con él la oportunidad de dar a sus hijos una vida mejor. Y lo logró.

Dos décadas después, también en vísperas del Día de las Madres, Anabella se reencuentra con El Tiempo Latino para dejar un fiel testimonio de que, con esfuerzo y amor, el llamado sueño americano sí puede hacerse realidad.

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El sueño de una madre latina hecho realidad

Esta abnegada madre centroamericana es hoy una mujer “diferente, feliz y realizada”. Su vida, a lo largo de estos veinte años, ha ido tomando un mejor rumbo, gracias a la perseverancia y fe con la que día a día se levantó para cumplir sus sueños.

En una entrevista exclusiva con El Tiempo Latino, Anabella recuerda como si hubiese sido ayer aquel lunes 2 de diciembre de 1991, cuando tomó “la dura decisión de dejar a sus hijos Emma de 12 años, Axel de 8 y Cynthia, de tan sólo 8 meses”, a cargo de su mamá.

Esta madre guatemalteca pasó unos años difíciles en EE.UU., regresó a su país en 1993, vio a sus hijos y volvió a los Estados Unidos para seguir esforzándose por su meta de un futuro mejor.

En 1991, la situación en Guatemala era cada vez más difícil. Antes de partir por primera vez, Anabella prometió a sus tres pequeños que regresaría en dos años para estar juntos de nuevo.

Una dura travesía la esperaba. Partió de su casa con pocas cosas y junto a una vieja amiga llamada Milvia, el “coyote” que las guiaría y otro grupo de inmigrantes, emprendió el viaje.

Fue una cuestión de supervivencia durante los quince largos días que pasó a la intemperie para poder llegar a suelo americano. “Nos cuidábamos una a la otra. Corrimos muchos riesgos, el más peligroso fue cuando nos agarró la policía civil en México, con tal de que no nos detuvieran salimos corriendo y ellos dispararon y cuando escuchamos eso, nos detuvimos y esperamos a que llegaran”, dijo Ana a El Tiempo Latino.

Con la voz entrecortada por el recuerdo de semejante susto, Ana expresó: “Nos pusieron unas escopetas en la cabeza, y luego de llorar y suplicar a los guardias que no nos mataran porque teníamos hijos, estos desistieron a cambio de que les entregáramos el poco dinero que llevábamos escondido, y sin dudarlo aceptamos el trato y nos soltaron”.