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Emotivo reencuentro familiar en Virginia


Joven escapó de la violencia en El Salvador a través de programa para refugiados, llegó a nuestra región y pudo abrazar por primera vez a su padre

Milagros Meléndez-Vela | 5/19/2017, 9:25 a.m.
Emotivo reencuentro familiar en Virginia
CALOR FAMILIAR. Jennifer con su padre y hermanito. Jennifer es una de las 2.400 que han llegado a EE.UU. a través de programa de refugiados para menores centroamericanos. | Milagros Meléndez-Vela

La violencia desencadenada en los países del Triángulo Norte (El Salvador, Honduras y Guatemala) llegó a extremos. En los dos últimos años fueron asesinadas más de 33 mil personas en esa región.

El temor a ser víctima de crimen provocó que Jennifer dejara de estudiar en la universidad “porque mis clases eran muy temprano y tenía que tomar el bus a las 5:30 de la mañana cuando aún estaba oscuro y era peligroso andar sola”, contó la joven.

En El Salvador, una nación de 6 millones de habitantes, se reportan miles de muertes al año: 6.657 asesinatos en 2015. En Honduras, “la capital de los asesinatos” la tasa de homicidios es de 57 por cada 100.000 habitantes. Guatemala tiene un promedio de 16 asesinatos al día, que es el quinto a nivel mundial, según el Comité de Refugiados e Inmigrantes de Estados Unidos (USCRI).

Proceso lento

Hasta febrero de este año, 11.000 personas habían pedido a sus hijos a través de CAM, pero sólo 2.400 menores fueron admitidos a Estados Unidos, según informes del Departamento de Estado. Activistas dicen que la lentitud pone en riesgo a los jóvenes que están pidiendo la protección mientras viven en sus países. “Se toman mucho tiempo para procesar las solicitudes y el riesgo de la violencia está latente en estos menores”, expresó Abel Núñez, director de la organización CARECEN en Washington, DC.

En el caso de Jennifer el proceso tomó año y medio hasta llegar a Virginia. José presentó el pedido en agosto de 2015, cuando la adolescente tenía 18 años. Y recién el 9 de febrero de 2017 le dijeron que podría venir.

El proceso es largo. Incluye entrevistas en las oficinas respectivas de cada país, para comprobar el riesgo que corren los menores, el parentesco con el padre que solicita el pedido a través de la prueba de ADN y el examen médico. “En total yo tuve que ir cinco veces a la oficina”, dijo Jennifer.

“Aunque reconocemos que el programa CAM es un esfuerzo de protección humanitario y toma en cuenta las condiciones de violencia que sufren los sectores más vulnerables como los niños en el Triángulo Norte, no es lo suficiente para protegerlos”, añadió Núñez.

En riesgo ante acciones ejecutivas de Trump

De entrar en vigor las órdenes ejecutivas migratorias del Presidente Donald Trump, el programa CAM sería abolido. Las medidas del mandatario se encuentran paralizadas en medio de una batalla legal. En el primer mes de la presidencia de Trump ingresaron al país 316 personas bajo el amparo, incluida Jennifer. Pese a las deficiencias del programa, Núñez dijo que las personas que califican deberían aprovechar para presentar las solicitudes.

Aún si el Departamento de Estado niega el pedido de refugiado, los menores pueden venir al país con un “parole”, un permiso renovable de dos años.

De hecho, Jennifer llegó Estados Unidos con ese permiso temporal. “Me negaron el estatus de refugiada pero igual me permitieron venir con un permiso por dos años, que debo renovar”, dijo.

Por ahora la joven se adapta a su nueva vida en Estados Unidos, con su padre, la esposa de él y su hermanito Fernando, de 10 años. Se frustra por no saber hablar inglés y no tener cerca a su familia de El Salvador, pero la paz y seguridad que encuentra aquí suplen esa carencia. “No hay nada como estar tranquila”, sonrió.