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¿Pensando acerca de una destitución? Piensa más detenidamente


Especial para The Washington Post · Michael J. Gerhardt | 5/21/2017, 9:43 a.m.
¿Pensando acerca de una destitución? Piensa más detenidamente
Un encuentro entre el presidente Donald Trump, visto el martes, y el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, ha producido una de las crisis más grandes de la Casa Blanca. | Jabin Botsford — The Washington Post

La promesa del Presidente Donald Trump de sacudir un poco las cosas en Washington nos ha llevado de nuevo a un territorio familiar poco placentero: hablar del juicio político y la obstrucción de la ley. Esta vez involucra la investigación acerca de la relación de la campaña de Trump con Rusia. Pero, tal como fue con Richard Nixon y Bill Clinton, es necesario entender la intención de los Padres Fundadores cuando crearon el remedio del juicio político, y cómo los alegatos de obstrucción se ajustan al marco constitucional para hace rendir cuentas a un presidente de una conducta indebida en su cargo.

Los artífices establecieron el juicio político como un último recurso; un control que se pudiera utilizar para lidiar con la conducta indebida de un presidente cuando todos los otros mecanismos hubieran fallado. El juicio político no puede y no debe hacerse precipitadamente, y no debería hacerse por razones sin fundamentos que sugieran que los políticos están tan solo compitiendo por ventajas políticas, más que protegiendo los valores constitucionales.

Mientras los procedimientos para un juicio político parezcan más apresurados en juzgar o impulsados por un partido, menos credibilidad tienen a la larga. Los ejemplos de Clinton y Nixon ofrecen lecciones cruciales acerca de la importancia de no acelerar las cosas, y asegurarse de que el público esté confiado de que la gravedad de la conducta alegada justifica el remedio extraordinario y fundamentalmente antidemocrático de que el Congreso remueva a un presidente de su cargo.

El episodio de Clinton ofrece un ejemplo admonitorio. En 1998, la oficina del abogado independiente Kenneth Starr dedicó meses a investigar la posibilidad de que Clinton hubiera mentido bajo juramento acerca de la naturaleza de su relación con Mónica Lewinsky y de que esta manera obstruyó la justicia tratando de ocultar y destruir evidencia de dicha relación, de acuerdo con la referencia de Starr al Congreso para los procedimientos del juicio político,

Sin embargo, el fracaso de la Casa de Representantes a la hora de realizar su propia búsqueda de pruebas y la dependencia únicamente en los hallazgos de Starr, hizo que fuera más fácil para Clinton y sus defensores atacar al juicio político, calificándolo como un juicio apresurado y alegando que no se hubiera probado adecuadamente la conducta indebida que involucraba el abuso del poder oficial por parte del Presidente. El Senado rápidamente desechó el asunto cuando se hizo obvio que no contaba con los votos suficientes de los dos tercios para una condena.

Mientras más decisiva sea la investigación, mayor es el chance de que el pueblo americano confíe en ella. En el caso de Nixon, el proceso que llevó a su renuncia tomó más de dos años, y la extensión de las irregularidades que esas investigaciones revelaron eran imponentes. El Comité Judicial de la Casa de Representantes y un Comité electo del Senado llevaron a cabo hallazgos de pruebas de manera meticulosa, los cuales pusieron al descubierto la evidencia de que Nixon había grabado cada conversación en la Casa Blanca.

Tres días después de que la Corte Suprema ordenó a Nixon que entregara docenas de conversaciones grabadas, el Comité Judicial de la Casa de Representantes aprobó tres artículos para el juicio político, incluyendo una acusación de que Nixon había obstruido la justicia al pagar dinero secreto a los ladrones de Watergate. Doce día después, Nixon renunció. Desde ese momento, las personas de ambas partes han tenido confianza en la justicia de ese resultado.