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Cardenal Wuerl: El desafío del racismo hoy


“Todos estamos llamados a reconocer hoy que el racismo continúa manifestándose de muchas maneras”

Su Eminencia Cardenal Donald Wuerl | Arzobispo de Washington | 11/1/2017, 12:53 p.m.
Cardenal Wuerl: El desafío del racismo hoy
Donald Cardinal Wuerl, Arzobispo de Washington | Cortesía

A los Sacerdotes, Religiosos y Laicos de la Iglesia de Washington, Gracia y paz a todos en Cristo.

Observando desde el santuario de muchas iglesias de nuestra arquidiócesis podemos apreciar el rostro del mundo, pues en cualquier domingo recibimos en la congregación a vecinos y personas recién llegadas cuyos orígenes son diversos. Nos sentimos muy orgullosos de reunirnos para la Misa con mujeres y hombres, jóvenes y mayores, de tantos países, procedencias étnicas y tradiciones culturales, y con frecuencia podemos constatar que esta unidad es una señal del poder de la gracia que une a las personas.

Pero también sabemos que todavía tenemos un largo camino por recorrer para entender la armonía a la que estamos llamados como familia humana. Una realidad que lesiona esa unidad es el persistente mal del racismo. Trágicamente, la fuerza divisiva de este pecado continúa sintiéndose en nuestra tierra y en nuestra sociedad. Es nuestra fe la que nos llama a vernos el uno al otro como miembros de la familia de Dios; es nuestra fe la que nos llama a enfrentar y vencer el racismo.

Este desafío está arraigado en nuestra identidad cristiana como hermanas y hermanos, redimidos por la sangre de Cristo. Debido a que Dios nos ha reconciliado consigo a través de Cristo, los cristianos hemos recibido el ministerio de la reconciliación. San Pablo nos dice que: “Dios nos reconcilió con él en Cristo... confiándonos el mensaje de la reconciliación” (2 Corintios 5, 18-19).

La misión de la reconciliación adquiere un nuevo énfasis hoy en la medida en que el racismo continúa manifestándose en nuestro país y nos exige redoblar nuestros esfuerzos. Todos estamos conscientes de los incidentes ocurridos, tanto a nivel nacional como cerca de casa, que ponen de relieve las continuas tensiones raciales que surgen en nuestra sociedad. A pesar de los numerosos avances logrados y de la buena voluntad de muchísima gente, son demasiados nuestros hermanos y hermanas que continúan siendo victimados por el racismo. Tan cierto es esto que nuestra Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos ha establecido un Comité Ad Hoc contra el Racismo formado por miembros del clero y por hombres y mujeres seglares con el cometido de denunciar este mal que es causa de desunión y de gran daño.

Esta no es la primera vez que nosotros, los obispos, hemos elevado nuestra voz colectiva contra el racismo. Lo hicimos en la reflexión pastoral, Hermanos y Hermanas para Nosotros (1979). Aquí, en nuestra propia arquidiócesis, tenemos el ejemplo edificante del cardenal Patrick O'Boyle y las medidas que él tomó para eliminar la segregación en nuestras escuelas católicas varios años antes de que la Corte Suprema abordara este problema. También está la carta que él dirigió a todos los fieles católicos recordándoles que sus decisiones y su enseñanza estaban enraizadas en el Evangelio y en “las enseñanzas de la Iglesia sobre lo que los católicos deben creer y hacer”. Es en continuidad con esa misma enseñanza, compartida y expresada por cada uno de los arzobispos de Washington, que me permito pedir que reflexionemos con énfasis reiterado en la importancia de un diálogo que nos lleve a encontrar fórmulas para confrontar el racismo hoy.