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Elena Poniatowska: "En México siempre tiembla"


“La Princesa Roja” relata las historias de dolor y desigualdad en las clases sociales

Ivonne Alemán Zanatta | 11/3/2017, 10:27 p.m.
Elena Poniatowska: "En México siempre tiembla"
ESCRITORA. Elena Poniatowska deleitó a los asistentes al Instituto de Cultura Mexicana el lunes 30 de octubre de 2017. | Ivonne Alemán para ETL

En una hermosa ofrenda o Altar de Muertos, con flores de cempasúchil, velas blancas, fotografías de difuntos, papel picado, comida y artículos religiosos, que el Instituto Mexicano de Cultura instala cada año como parte de las tradiciones mexicanas, se recibió y dio la bienvenida a esa sede cultural a Elena Poniatowska, narradora y ensayista mexicana.

Invitada a dar algunas charlas en diferentes universidades del país, Poniatowska a través de la “En México Siempre Tiembla”, hizo referencia a su libro “Nada, nadie, las voces del temblor”, en el que describe los impresionantes terremotos que azotaron a la ciudad de México el 19 y 20 de septiembre de 1985 y habló sobre cómo 32 años después la historia se repitió.

El mismo día 19, pero ahora del año 2017, abriendo nuevamente las heridas, se escucharon nuevas voces. La escritora dio a conocer los pormenores y vivencias de quienes sobrevivieron y rescataron a quienes pudieron en esos momentos de incertidumbre y asombro. Han sido dos acontecimientos donde la tristeza, la desesperación, la impotencia, la muerte y la solidaridad se manifestaron con fuerza en un mismo tiempo.

Con paso lento pero firme, Poniatowska se acercó al micrófono. Lo primero que expresó, fue una disculpa por llegar vestida de color negro. Era un reflejo del dolor y solidaridad y para rendirle tributo a todos los afectados de los pasados desastres naturales. A través de diferentes niveles de voz y acentos, pausada y con algunos pequeños movimientos de sus manos, Poniatowska transmitió las voces de los más desprotegidos y su lucha por sobrevivir en el momento de las catástrofes como las sucedidas en los meses pasados.

Narró el caso de “Alonso”, un traductor de la lengua Mixteca quien recientemente había sido contratado por la Dirección General de Educación Indígena en la capital, cuando el edificio se le cayó encima. Para el traductor mixteco, en un instante, todo se le hizo oscuro. Pero al mismo tiempo, se percató y vio un rayo de luz que parecía estar a 30 metros de donde se encontraba y pensó “aquí está mi salvación”. La escritora continuaba narrando la historia de Alonso para lograr sobrevivir al terremoto.

Quienes la escuchaban esa noche, percibían el relato cómo si Alonso hubiera estado parado al lado de la escritora susurrándole de viva voz, su historia de la lucha incansable que realizó para sobrevivir. Alonso, luchó con su cuerpo, con sus hombros, con sus brazos, hasta con su cabeza. Se dio de “cabezazos”, pero dijo que tenía una cabeza “buena de dura y que sus huesos eran de hierro”.

Aunque se quedara calvo, Alonso pensó seguir escavando hasta llegar al hilo de luz que lo llevaría de vuelta al mundo de los vivos. Alonso logró salir de entre los escombros. Lo primero que expresó al salir por un hueco de entre los escombros fue, “¡pinche madre, estuvo duro!”. Se escucharon las risas de los asistentes y a pesar de tan amargo momento, Alonso y muchos otros, tuvo la fortuna de contar su experiencia, una suerte que otras víctimas, sin que lo hubieran querido, no corrieron.