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Ella no soporta la idea de dejar a sus hijas. Pero no quiere ser una criminal.


Catia Paz, originaria de El Salvador, se enfrenta a una separación de su marido y sus hijas de al menos 10 años.

Petula Dvorak | The Washington Post - OPINIÓN | 10/10/2017, 8:53 a.m.
Ella no soporta la idea de dejar a sus hijas. Pero no quiere ser una criminal.
Catia Paz y German Reyes con sus hijas Génesis, entonces de 7 años, y Alison, de entonces 4, el año pasado en su casa de Woodbridge, Virginia. | Allison Shelley — para The Washington Post

Cada noche que las chicas llegan a casa de la práctica de fútbol, hacen la tarea y cenan puede ser la última vez que hagan esto con su madre.

Todos lo saben.

Así que cada momento de esta semana está siendo saboreado y recordado. Toman paseos extra juntos. El marido de Catia Paz cocina todas sus cenas favoritas. Y ella siempre está de acuerdo en leer una historia más a sus hijas, 6 y 8, a la hora de acostarse.

¿La peor parte? Nada de esto tiene que suceder.

Paz, de 32 años, se enfrenta a una separación de su marido y sus hijas de al menos 10 años debido a un capricho político. Y si recientemente ha apoyado la política anti-inmigrante, lea esto para que vea cómo se vive esto en esta pequeña sala en el norte de Virginia.

Paz tiene hasta el viernes para auto-deportarse.

No porque haya cometido un crimen.

Ella es graduada de la preparatoria del condado de Loudoun (con un promedio de notas de 3.1) y es miembro activo de la iglesia. Trabajó en el mismo Nordstrom durante los últimos 11 años. Ella está en la rotación del snack del equipo de fútbol de su hija. Podría ser una madre cualquiera de este suburbio.

Pero porque ella tenía 17 años cuando escapó de su ciudad natal devastada por la guerra en El Salvador -no la edad límite de 16 años- ni siquiera un trato milagroso para los "soñadores", la polémica Acción Diferida por las Llegadas durante la Niñez, la ayudaría.

El resto de su extensa familia - todos los 65 de ellos - tienen estatus legal.

"Sé que quieren que salgan los hombres malos", dijo Paz, sentada en el salón de la pequeña casa de Woodbridge, Virginia, que ella y su esposo compraron el año pasado. “Yo también los quiero fuera, pero no soy uno de ellos”.

Ella conoce los argumentos, oye el odio. La gente dice que apoyan la inmigración, pero sólo la inmigración legal.

"Para sus familias, cuando llegaron, no había todos estos papeles, no fue tan difícil", dijo. Ahora todo es diferente.

Paz cruzó ilegalmente la frontera hace 15 años para escapar de la violencia en El Salvador y reunirse con sus padres, quienes ya estaban en Estados Unidos. El sistema de inmigración se enteró de su presencia en el país cuando su padre solicitó un estatus de protección temporal para toda su familia. Todo el mundo lo recibió, excepto ella; había llegado demasiado tarde para calificar.

En 2011, un juez de inmigración ordenó que fuera deportada de Estados Unidos. Ella luchó por permanecer en el país, y la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) le concedió múltiples estancias de 2012 a 2015, dijo un portavoz de la agencia.

Ella estaba inscrita en el programa de alternativas a la detención de ICE, pero en septiembre, cuando se registró, se le dio un monitor de tobillo y un plazo de auto deportación para el 13 de octubre.