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Inmigrante boliviana sufrió agresiones físicas y psicológicas tras casarse con ciudadano naturalizado


La Coalición Latina contra la Violencia de Género agrupa a 30 organizaciones que apoyan a las mujeres víctimas de forma gratuita

Ricardo Sánchez-Silva | 10/18/2017, 12:09 p.m.
Inmigrante boliviana sufrió agresiones físicas y psicológicas tras casarse con ciudadano naturalizado
Molina: Muchas mujeres no denuncian la violencia doméstica o sexual por el actual clima político antiinmigrante y racista | Cortesía

Sonia° luchaba por sobrevivir en una playa de Florida, mientras las manos de su marido, un canadiense naturalizado en EEUU, rodeaban su cuello con vehemencia por varios minutos y su agonía se prolongaba. Ella intentaba hacerse notar, hasta que las personas alrededor se percataron de lo que pasaba y el hombre la soltó. Entonces, aprovechó de huir para no volver con Louis°. Al menos eso pensaba.

Esta es la historia de una mujer boliviana, que llegó a los EEUU con sueños en su maleta, como muchos inmigrantes. Sin embargo, su meta no era quedarse, sino aprender el inglés, por lo que ingresó a un programa universitario que cumplía con su requerimiento. Sus planes cambiaron cuando conoció al “hombre de sus sueños”, pues ella veía mucha bondad y amabilidad en Louis.

“Al principio era muy atento, muy cordial y comprensivo. Me gustaba mucho que a pesar de lo poco que yo sabía de inglés él me entendía. Hacía un esfuerzo por entenderme y comunicarse conmigo. Me enamoraron de él muchas actitudes que no me imaginaba de un americano, como ser caballeroso. Cuando salíamos no me dejaba pagar la cuenta, me abría la puerta del carro y de los lugares donde entrábamos”.

Cuando ya su propósito estaba completo en el país, le tocaba regresar a Bolivia, pero el hombre la convenció de casarse para que no se separaran. Hubo muchas conversaciones al respecto, incluso ella le decía que fueran a su tierra, donde por cierto es abogado, para que hablara con sus padres y luego tomar la decisión.

Louis se negó. “Me la jugué y dejé atrás a mi familia, mi país y mis costumbres. Lo iba a hacer a escondidas de mis padres, pero al final les avisé. Ellos no estuvieron presentes, pero respetaron mi decisión”.

Como quedaban unos días para que se venciera el alquiler donde estaba residenciada, después de contraer nupcias, esperó el lapso y una vez que llegó el momento de mudarse se lo hizo saber a su marido. Para sorpresa de la boliviana, contradictoriamente a lo que le había prometido, su respuesta fue negativa. “Ese es tu problema”, le dijo.

“Jamás me imaginé que a la primera semana que me iba a mudar con él, todo cambiaría repentinamente. No le importó que no tenía donde vivir y debía salirme del lugar donde estaba. Pensaba que yo era millonaria, porque estudiaba en un programa intensivo de inglés de una universidad”.

Empezó desde entonces, un cambio que se convertiría en un gran problema para Sonia, quien por una semana tuvo que dormir dentro de su carro, porque se le caía la cara de vergüenza con solo pensar en acudir a sus allegados en Florida. “No sabía cómo explicar y no quería involucrar a más gente porque yo me sentía culpable. Menos tenía idea de que existían organizaciones que me podían orientar y apoyar”.

El objetivo detrás de esta actitud pronto se dejó ver. Le pidió dinero y que pagara el alquiler de una casa lujosa en la playa, donde quería vivir. Sin embargo, eso no estaba dentro de sus posibilidades. “Luego me fui a vivir con él dos meses y fue ahí cuando sucedieron los actos de violencia psicológica y verbal constantemente, todos los días. Ni qué decir de la violencia física”.