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De limpiar pisos a la gerencia de una exitosa firma de activos en Washington DC

Su habilidad para las ventas lo hicieron crecer profesionalmente en tiendas de ropa para hombres y mujeres
ADAPTACIÓN. Merizalde: “Uno debe asimilar la cultura y aprender el idioma. Eso
tiene que pasar, es la única forma de adaptarse a EEUU”

ADAPTACIÓN. Merizalde: “Uno debe asimilar la cultura y aprender el idioma. Eso tiene que pasar, es la única forma de adaptarse a EEUU”

Con apenas 20 años de edad, Carlos Merizalde emprendió viaje desde Ecuador, su tierra natal, hasta Estados Unidos, para tratar de crear su propio nombre y no vivir bajo la sombra de su padre, un alto funcionario del área de telecomunicaciones. Sin embargo, al llegar a Virginia tuvo que forjar su propio destino empezando como muchos inmigrantes, desde cero.

“Llegué aquí sin nada. No sabía el idioma. Vine a Virginia, como a media hora de Washington DC porque tenía un tío que vivía aquí, así que me aconsejó que aprendiera inglés”. Aunque había pasado por la Universidad Politécnica de Ecuador en el área de ingeniería, con especialización en finanzas, inició limpiando pisos en una tienda, siempre con la mejor disposición y ánimo de trabajar.

“Luego de seis meses me empecé a defender y trabajé vendiendo en tiendas de ropa que habían en el mismo mall. En lo que pude comunicarme con la gente subí bastante rápido, porque siempre he tenido el don de vender. De limpiar los pisos pasé a cajero, luego a ventas, para después convertirme en asistente de gerente y posteriormente ocupé el cargo de mánager. Estuve en tiendas de ropa de mujer y hombres. Trabajaba en las outlets”.

Carlos piensa que un punto que hizo la diferencia fue traer una base educativa, pues eso lo “empujaba” a seguir adelante, a pesar del trabajo en el que había iniciado, el cual consideraba que era digno, pues fueron los primeros pasos que le permitieron crecer. “Fui a una de las mejores universidades de mi país, pero estaba limpiando pisos. Sabía que no había nada malo en eso, pero tenía que hacer más por los sacrificios que realizaba, porque toda mi familia está Ecuador y era la única forma para que justificara mi tiempo aquí. Debía crecer profesional y personalmente”.

La idea que tiene el ecuatoriano es trabajar no solo para ganar dinero, sino para superarse, servir a los demás y ayudar a quienes vienen detrás. En ese sentido, cree que los latinos deben hacerse conscientes de lo que hacen para apoyar a “nuestra comunidad a salir adelante” de la mejor forma, mientras que haya un proceso de adaptación a la cultura americana, pues al final de cuentas estamos en Estados Unidos.

Así pues, aunque a su juicio, las raíces nunca deben perderse, hay que acoplarse al entorno y al país que brinda las oportunidades, mientras que se muestra a otras culturas que los hispanos sí son capaces de ocupar altos cargos y ser exitosos. De esa manera - opina - cuando otros los vean llegar al éxito, lo tomarán sin problemas, independientemente de que sean inmigrantes o no.

“Uno debe asimilar la cultura y aprender el idioma. Eso tiene que pasar, es la única forma de adaptarse. Ahora bien, mis restaurantes preferidos son los latinos, al igual que los cantantes que escucho en mi auto, pero uno se tiene que adaptar si el cambio es positivo, hay que tener amistades fuera del mundo hispano, porque aprendes. No creo que sea correcto desprenderse de la cultura, pero debe existir una asimilación a la americana”. En otras palabras, ser valorado por lo que se es y hace, más que por el origen.

Al referirse a la discriminación, deja claro que “no se puede tapar el sol con un dedo”, pues en EEUU aún existe ese problema social. Sin embargo, en el plano personal ha manejado su vida y carrera de una forma en la que su origen no tiene relevancia en cuanto a beneficios o tratos preferenciales. “Lo que interesa es lo que he hecho y a dónde voy. No tomo como ventaja ser inmigrante, no digo que porque soy inmigrante debo tener esto o aquello. Yo quiero superarme basado solo en resultados, nada más”.

Aunque Carlos, hoy de 36 años, enfrentó la distancia de su tierra y seres queridos, esto nunca fue impedimento para salir adelante. No obstante, la muerte de su abuelita en su país lo marcó fuertemente. “Fue un momento muy personal que me hizo dar cuenta de la distancia en que estaba”.

Gracias a su excelente trabajo, conoció a un cliente con quien se relacionó estrechamente y lo llevó a la actual compañía, Kiddar Capital, una exitosa firma que maneja $1.3 billones entre activos de proyectos de Real Estate, energía en petróleo y natural, entre otras, ubicada en Washington DC, con sedes en Houston y Londres. Hoy día, ocupa el cargo de representante de relaciones con inversionistas y cree que este es apenas un nuevo capítulo de su vida, pues ahora es que se abren oportunidades para su crecimiento.

“Esto lo tomo como que estoy bien, pero no es mi final, sino mi comienzo”.