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El legado de Manu Ginóbili luego de su adiós al baloncesto


Dejó de ser ese “pibe de 41 años”, como lo catalogó la prensa argentina, para dedicarse a tiempo completo de su familia

Jonathan Soto | 8/30/2018, 9:53 p.m.
El legado de Manu Ginóbili luego de su adiós al baloncesto
EQUIPO. Junto a Tony Parker como dos de las principales figuras de la franquicia | NBA

Hay un antes y un después en la NBA desde que Manu Ginóbili jugó su primer partido en la mejor liga de baloncesto del planeta. Para el argentino, quien anunció su retiro tras 16 temporadas en territorio norteamericano, su pasantía no fue cualquier cosa, pues llegó para romper con un esquema que no solo lo ayudaría a ser mejor, sino también a los suyos.

El nativo de Bahía Blanca anunció a través de su cuenta de Twitter su decisión. En una era en la que la inmediatez la determinan los propios usuarios a través de las plataformas de redes sociales, el suramericano aprovechó esto para decir adiós a la disciplina que lo catapultó a lugares impensados.

“Con una gran mezcla de emociones les cuento que decidí retirarme del básquet”, confesó el argentino a través de Twitter, donde agradeció a su “familia, amigos, compañeros, dts (entrenadores), staff, aficionados y todos los que fueron parte de mi vida en estos 23 años. Fue un viaje fabuloso que superó cualquier tipo de sueño. ¡Gracias!”.

Sin mayores pretensiones, sin ruedas de prensas elaboradas ni alterar el ritmo que lo caracterizó, Ginóbili dio un paso al costado y dejó de ser ese “pibe de 41 años”, como lo catalogó la prensa argentina, para dedicarse a tiempo completo de su familia.

Rol seguro

Su trabajo sobre el tabloncillo no está atado a lo que el patrón común indica: Manu llegó proveniente de Europa, donde destacó en Italia entre los años 2007 y 2011. En ese periodo fue seleccionado en segunda ronda del draft de 1999 por los Spurs de San Antonio, pero decidió mantener poco tiempo más en el viejo continente para seguir alimentando sus destrezas.

Con el Kinder Bolonia se tituló con una liga, dos Copas Italia y una Euroliga, en esta última cerrando un ciclo extraordinario como MVP de las finales. Nada mejor para alguien que lo había hecho todo en torneos tan competitivos para ahora resaltar en territorio norteamericano.

Pero el destino tuvo planes distintos.

Con los tejanos, Ginóbili fue parte de un proceso en el que la amalgama de un entrenador de la talla de Greg Popovich determinó que su puesto torcía con lo que podía ser normal. Sus responsabilidades no eran a tiempo completo, apareciendo desde la banca, algo que, tal vez para la mayoría de los profesionales, no es la definición de éxito.

Sin embargo, el interés colectivo siempre estará por encima del individual para Manu, quien no tuvo reparos en aparecer cuando quisiera el coach, de ahí su peso, su importancia y su historia en la única franquicia que defendió en 16 campañas.

Solo en tres de ellas se desempeñó como pieza de tiempo completo, pero poco importó. Su puesto en el equipo iba más allá, al ser, en ocasiones, más determinante que cualquiera de los titulares, donde interpretó de forma más completa la labor del sexto hombre.

Acostumbrado a ganar

Pensar en el argentino, así como en David Robinson, Tony Parker y Tim Duncan es pensar en la etapa dorada de la organización. Con ellos, el bahiense se coronó en cuatro oportunidades en la NBA (solo una con Robinson), tres de ellas en la primera década del nuevo milenio, un lapso en la que demostraron ser el conjunto más dominante del baloncesto.

Pero su mayor satisfacción la vivió en agosto de 2004 en Atenas, capital de Grecia, sede de los Juegos Olímpicos. Pensar en baloncesto y en eventos de esta talla obliga a darle un favoritismo absurdo, pero siempre correspondiente a los Estados Unidos; no obstante, Ginóbili a Argentina concretó lo que pocos tenían en mente cuando se alzaron con el oro al derrotar en la final a Italia, ese país que tanto le había dado al comienzo de su carrera.

Antes, en semis, la Albiceleste dejaría sorpresivamente en el camino al Dream Team, en una gesta que ubicará para siempre a esa generación dorada en un pedestal en que están solo los más grandes del deporte en su país.

Hoy, con 41 años y más recuerdos positivos que desgracias, el argentino, uno de los extranjeros más importantes en la historia de la NBA, decidió despedirse con todos los honores.

Manu se ha ido. ¡Larga vida al rey!