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Navidad en la frontera


Este 24 de diciembre miles de venezolanos y mexicanos buscarán en las estrellas algo de la familiaridad de sus tierras

Ana Julia Jatar | 12/21/2018, 4:48 p.m.
Navidad en la frontera
MIGRACIÓN. México deporta 98 migrantes que protagonizaron trifulca en frontera con EE.UU. | Crédito: Alejandro Zepeda / EFE

Con admiración queremos dedicarle este espacio a quienes a pesar de las adversidades y también debido a ellas estarán varados estas navidades en alguna frontera: en la tuya, en la nuestra o en cualquier otra. Decimos con nuestra admiración porque hace falta mucho coraje para dejar atrás los afectos, la tierra, las lagrimas en los ojos de los familiares ¿y caminar en la búsqueda de un futuro mejor? Quizás, pero muy incierto. Especialmente recordamos a los niños que lejos de sus casas y separados de sus propios padres no recibirán regalos ni abrazos. Vivir la nochebuena apartados de los seres queridos y del país que nos vio nacer es una prueba más de que emigrar no es un viaje de placer, es la esperanza de los desesperados. Es la única alternativa para vivir y a veces simplemente sobrevivir con dignidad.

Este 24 de diciembre en nuestro continente miles de venezolanos quienes enfrentan la peor crisis humanitaria del Hemisferio junto a centroamericanos y mexicanos buscarán en las estrellas algo de la familiaridad de sus tierras o quizá también una guía de esperanza, como la de Belén a los padres del Dios cristiano.

Este pasado 18 de diciembre se conmemoró el día internacional de la migración y el Papa Francisco expresó lo siguiente: “No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza”. Ese fue un llamado claro y diáfano a la reflexión de los xenófobos que peligrosamente ganan adeptos en el mundo. En su cuenta Twitter el papa escribió: “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido” y pidió que “los corazones no estén cerrados como las casas de Belén”.

Este diciembre en Estados Unidos llevamos en nuestra conciencia de país, un triste símbolo del sacrificio de emigrar: la muerte de Jakelin Caal niña de 6 años que salió del norte de Guatemala el viernes 30 de noviembre acompañada de su padre para pedir asilo en la frontera. El lunes 3 de diciembre cumplió 7 años y el jueves por la noche llego a suelo estadounidense donde se entregó con su padre a los agentes de fronteras. El sábado ya la niña había muerto. Jakelin, como muchos otros se topó con la muerte tratando de escapar de ella. Las muertes en las zonas remotas de la frontera de Estados Unidos desafortunadamente no son raras pero las muertes en custodia de la policía sí lo son y en el caso de niños que mueren en manos de las autoridades como Jakelin, no tiene precedentes. Quizás el problema haya sido falta de comunicación pues la lengua materna de su padre, Nery Gilberto Caal no es el español sino el Q’echi, de herencia Maya. Sea cual fuese la causa, una niña perdió su vida en el intento de conseguir el sueño americano y esto debe ser un impostergable llamado de alerta a los legisladores en Washington: las regulaciones migratorias no están a tono con la realidad de los tiempos, éstas necesitan ser reformadas para evitar mas muertes. Por cierto, son importantes estas cifras para quienes siguen pensando erradamente en “invasiones” en vez de migraciones para pedir asilo legal. Durante el año 2018, hasta el 12 de diciembre habían sido deportados desde Estados Unidos de vuelta a suelo guatemalteco -la patria de Jakelin- 48 mil 626 personas de los cuales 526 son niños.

Durante el 2018, cerca de 3 mil 400 migrantes y refugiados perdieron la vida escapando la muerte por guerras, hambre y violencia. Es por esta tragedia que el tema de este año para el 18 de diciembre fue “Migración con Dignidad”. Tratar a los migrantes con dignidad es requisito indispensable para evaluar el progreso de una sociedad. Estados Unidos era un ejemplo de ello y de allí su grandeza, hoy parece haber perdido la brújula entre tantos muros imaginarios.

Necesitamos la reforma migratoria que este país se merece en el siglo XXI y no las murallas de los castillos de la Edad Media… por más que el presidente Trump se crea el dueño de uno.