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Trump ha guardado silencio sobre América Latina. Probablemente eso es bueno


La región finalmente puede encontrar su voz.

Jackson Diehl* | The Washington Post | 1/8/2018, 12:32 p.m.
Trump ha guardado silencio sobre América Latina. Probablemente eso es bueno
Personas buscan alimentos en un supermercado el 6 de enero del 2018 en la ciudad de Caracas, Venezuela. | Miguel Gutiérrez ─ EFE

En las últimas semanas, el presidente Trump ha intercambiado amenazas nucleares con Corea del Norte, ha destrozado a Pakistán y a los palestinos y ha prometido apoyo para los manifestantes en Irán. No ha tenido mucho que decir sobre la crisis que se está desarrollando a las puertas de Estados Unidos, la actual implosión económica, política y humanitaria de Venezuela, y eso probablemente sea algo bueno. En ese silencio, América Latina finalmente puede encontrar su voz.

El verano pasado Trump asustó a los líderes de la región al insinuar que Estados Unidos consideraría medidas drásticas contra el régimen populista y autocrático de Nicolás Maduro, incluido un boicot a los productos petroleros venezolanos e incluso una invasión militar. Fue un engaño: desde entonces, la Casa Blanca ha aplicado más sanciones financieras al régimen, al tiempo que posterga las opciones petroleras y militares, y Trump ha pasado a otros asuntos.

Ahora, a medida que la crisis en la otrora próspera nación de 30 millones se vuelve más difícil, se escuchan otras voces de habla hispana, y están proponiendo algunos de los mismos remedios que causaron ondas de choque cuando vinieron de Washington.

La semana pasada, una de las figuras más respetadas de Venezuela, el economista y ex ministro de planificación Ricardo Hausmann, llamó la atención al sugerir una intervención militar por parte de una "coalición de los dispuestos", incluido Estados Unidos. Como lo señalaron rápidamente varios analistas, la idea es incierta por razones tanto prácticas como políticas. Pero el hecho mismo de que un conocido intelectual ─Hausmann encabeza el Centro para el Desarrollo Internacional en la Universidad de Harvard─ defienda el uso de tropas estadounidenses y otras tropas extranjeras para derrocar a un gobierno sudamericano demostró cómo la crisis venezolana está rompiendo tabúes políticos de viejas generaciones.

Al mismo tiempo, un estadista de alto rango expresó su apoyo a una medida menos radical y más factible: la prohibición de Estados Unidos de importar petróleo y otros productos de Venezuela. Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos, me dijo en una entrevista el jueves pasado que era necesario un embargo petrolero para obligar al gobierno de Maduro a negociar seriamente con la oposición de Venezuela sobre una transición democrática. "Al final del día, se necesitará la máxima sanción y la más fuerte", dijo. "Y así que sí, estoy a favor de un embargo petrolero".

Una prohibición de las ventas de petróleo podría perjudicar temporalmente a algunas empresas y consumidores estadounidenses: las importaciones estadounidenses de petróleo venezolano, aunque disminuyeron sustancialmente con respecto a una década atrás, fueron de casi 800.000 barriles por día el otoño pasado. Pero la sanción devastaría las finanzas del ya arruinado gobierno de Maduro, que depende de las ventas de petróleo para más del 90 por ciento de sus ingresos. El régimen ha tratado de diversificar sus clientes enviando petróleo a China, pero a cambio obtiene poco dinero en efectivo. También compra gasolina de Estados Unidos, así como también crudo ligero para mezclarse con su crudo pesado y hacerlo apto para la exportación.