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Salvadoreños no cesan en las oficinas de abogados

Tras el anuncio del fin del TPS, aumentan llamadas y visitas a los abogados en MD y toda el área de DC
TEPESIANO. Reynaldo Moreno, quien se gana la vida en un taller de mecánica en la zona de Hyattsville, Maryland, dijo que tras el anuncio del fin del TPS, el 8 de enero, llamó a tres abogados distintos para conocer las alternativas que tenía para seguir en suelo estadounidense.

TEPESIANO. Reynaldo Moreno, quien se gana la vida en un taller de mecánica en la zona de Hyattsville, Maryland, dijo que tras el anuncio del fin del TPS, el 8 de enero, llamó a tres abogados distintos para conocer las alternativas que tenía para seguir en suelo estadounidense.

Tan pronto se difundió la noticia de que el Departamento de Seguridad Nacional canceló el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) de casi 200 mil salvadoreños residentes en Estados Unidos, lo primero que hizo Reynaldo Moreno fue llamar a un abogado.

Contactar a abogados de inmigración es una gestión que en el pasado ha hecho en múltiples ocasiones, pero que asegura repitió al menos tres veces desde corrió como pólvora la noticia del fin del estatuto federal, el pasado 8 de enero.

“Estaba desesperado, ese día llamé a tres abogados”, revela el hombre de 42 años, quien tenía la esperanza de escuchar sobre una alternativa distinta que evitara su retorno obligatorio al país del que salió por la terrible violencia y pobreza que allí impera.

No obstante, las respuestas dadas por los abogados eran las mismas y por el momento el salvadoreño no aplicaba para ninguna.

En una entrevista con El Tiempo Latino, Moreno dijo que en las consultas con los abogados que contactó estos le decían que podría optar por un estatus permanente en Estados Unidos si cumple con algunas condiciones especiales como por ejemplo si era víctima de violencia doméstica, testigo de algún crimen, o si tiene hijos en las fuerzas armadas. También le explicaron que casarse por amor (el matrimonio por papeles es un crimen federal) con una ciudadana estadounidense le podría ayudar a lograr la residencia que evitaría su deportación a partir de septiembre de 2019, fecha en que termina la extensión del TPS.

“Me dijeron que a través de la petición de un hijo ciudadano mayor de edad también se puede [evitar la deportación después de que expire el TPS], pero la hija que tengo nacida aquí en Estados Unidos tiene nueve años apenas”, declaró el hombre padre de otros tres hijos residentes en El Salvador.

Al igual que Moreno, hay cientos de salvadoreños en el área metropolitana de Washington, DC que actualmente están llamando y visitando oficinas de abogados locales en busca de opciones para permanecer en la tierra del Tío Sam una vez concluya la protección del programa, que desde 1990 concede permisos a ciudadanos de países afectados por guerras o desastres naturales.

Organizaciones defensoras del TPS y que trabajan en pro de los inmigrantes en el estado de Maryland, confirmaron a El Tiempo Latino el aumento en consultas y casos que están experimentando a raíz del anuncio del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).

María Tressler, Gerente del bufete, Fayad Law L.C., comentó que “antes eran pocas las llamadas sobre TPS que se atendían en la oficina, la mayoría eran para renovación de TPS. Ahora se reportan entre cinco a ocho llamadas de salvadoreños por día que consultan sobre el tema”. La integrante del despacho legal también destacó que a la oficina ubicada en Maryland, “llegan salvadoreños con sus parejas y sus hijos preguntando ‘¿cómo nos podemos quedar?’, y consultando si hay maneras de arreglar su estatus porque tienen miedo a ser deportados”.

El año pasado, autoridades federales deportaron a 15,691 salvadoreños a nivel nacional, según estadísticas de la Dirección General de Migración y Extranjería de ese país que agrega, que del primero al 10 de este mes la cifra de retornados va por 357.

Precisamente, ese es uno de los mayores temores de Moreno: “Es un miedo de regresar al país porque pienso en lo peligroso que está. Si hubiese oportunidades pues no hay problema en regresar. Es la inseguridad y desafortunadamente, si quisieras empezar a trabajar en tu negocio las Maras (pandillas) y todo eso te impiden hacerlo”.

La violencia que actualmente se vive en El Salvador –atribuida a grupos como la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18, creada en Los Ángeles– lo ha convertido en uno de los países más violentos de Centroamérica con una tasa de asesinatos de 91.2 por cada 100,000 habitantes al 2016, según reporta el Monitor de Homicidios del Instituto Igarapé, un centro de estudios brasileños que contabiliza las muertes violentas en el mundo.

Buscando escapar de esa violencia, Moreno llegó a Estados Unidos en el 2001 tras pasar la frontera desde Tijuana, México. El viaje que le tomó varias semanas le costó $7,500.

Ahora con el fin del TPS a la vuelta de la esquina su futuro en el país es inesperado y lleno de temor. “Es el temor a perderlo todo y todos los esfuerzos que uno ha hecho. Y la incertidumbre de que a medianoche llegan a tocar tu puerta no se sabe quién, ese es el miedo”, destaca el hombre, quien se gana la vida en un taller de mecánica en la zona de Hyattsville, Maryland.

Por lo pronto, activistas y líderes comunitarios enfatizan la importancia de que los salvadoreños con TPS renueven el permiso una vez más tan pronto se pueda hacer el trámite que les permitirá quedarse hasta septiembre de 2019. Los expertos también advierten a los tepesianos que acudan solo a abogados profesionales, con experiencia en inmigración y no a cualquier notario o personas sin credenciales que hagan promesas o que presenten ofertas que parezcan demasiado tentadoras. Quienes no tengan un abogado o no cuenten con los medios necesarios para una consulta, pueden acudir a organizaciones comunitarias como CASA y CARECEN para recibir asesoría o ser guiados a recursos gratuitos o de bajo costo. Por último, los expertos recuerdan que cada caso es distinto, por lo que si algo aplica para alguien con TPS podría no aplicar para otra persona protegida por el mismo beneficio migratorio.