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OEA preocupada ante creciente violencia en Nicaragua


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reportó a la OEA la muerte de al menos 264 nicaragüenses

7/11/2018, 5:57 p.m.
OEA preocupada ante creciente violencia en Nicaragua
CRIMEN. La CIDH confirma 264 muertos en Nicaragua por protestas y Gobierno lo rechaza | Crédito: EFE

Nicaragua es hoy –sigue siendo- víctima de violencia, represión y asesinatos, cuyas consecuencias han sido absolutamente nefastas para el país. Condenamos cada acto de violencia, cada asesinato que hace retroceder al país a condiciones de barbarie. La responsabilidad del Estado y del Gobierno es particularmente agravada, el ejercicio de la violencia desproporcionada por parte del mismo es inadmisible.

La posición de la Secretaría General de la OEA es clara: los compromisos internacionales en materia de derechos humanos son ineludibles y nos exigen no retroceder jamás, nos llevan a lo que mueve a la Secretaría General de la OEA diariamente, buscar y garantizar los derechos de la gente.

Nuestras herramientas para responder ante el sufrimiento de Nicaragua, ya existen y son los instrumentos del sistema interamericano de defensa de la democracia, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos. Debemos reivindicar el valor de la política actuando en concordancia con nuestros compromisos asumidos, desde la moral, no desde la abstención o la parálisis, que como ya dijimos, no hace más que agravar la situación.

Poner en funcionamiento las estructuras institucionales que hemos creado, activar los resortes políticos y jurídicos correspondientes a tales efectos. Porque no hay nada más urgente ni más relevante que salvar vidas, ni rol más trascendental para nuestra comunidad hemisférica que el de dar fuerza a los derechos del pueblo y a la democracia.

Fuerzas policiales y paramilitares vinculadas al Gobierno hace dos días realizaron acciones que han costado la vida de muchas personas.

Muertes que no podemos admitir. Y que mucho menos podemos aceptar en silencio.

Personas encapuchadas y armadas aterrorizan y aterrorizaron a la población civil en el proceso de desmontar los tranques que se levantaron en ciudades como Diarimba, Dolores, Jinotepe y Matagalpa.

El domingo se estima que murieron por lo menos entre 11 y 14 personas, entre ellas se cuentan 2 policías y un paramilitar. La violencia como herramienta política hace perder legitimidad inexorablemente a cualquier propósito ético-político. La violencia hace retroceder a la democracia.

Obviamente es condenable el asesinato de policías. Por supuesto. La muerte de dos policías y un paramilitar también nos dan una idea de la dimensión del enfrentamiento. Pero la violencia del Estado sobre población civil nunca puede ser admitida. La desproporción de la misma, la diferencia de medios hace de la violencia del Estado y de la violencia también de los actores represivos vinculados al mismo, absolutamente abusivo y criminal. El Estado esta para proteger los derechos de la gente no para avasallarlos, cuando lo hace es especialmente responsable de esas violaciones de DDHH.

Leía hace poco que Hannah Arendt, nos advirtió, que de la violencia nunca surge el poder y añadió que el poder solo surge de la acción política. Y que la violencia surge cuando hay ausencia de poder, o cuando el poder está en peligro y se recurre a la violencia armada para implementarlo por la fuerza. Hecho que a su vez conducirá a una espiral que eliminará la democracia.

Condenamos los asesinatos y demandamos justicia, asimismo condenamos los encarcelamientos de opositores. Condenamos los secuestros de un lado y de otro.