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El tiempo le dio la razón a los Capitals


Apostar por las bases fue la mejor acción de la gerencia capitalina

Jonathan Soto | 6/24/2018, 11:23 p.m.
El tiempo le dio la razón a los Capitals
CAPITAL. Celebraron en territorio del adversario | @Capitals

El destino tiene planes que, pese a que nuestros deseos tengan un norte, este, en ocasiones, hará lo que le plazca.

Así sucedió con los Washington Capitals. Que el éxito no estuviera de su lado en la temporada de 1997-1998 no significaba que el tren no volviera a pasar. Eso sí, tardó más de lo esperado.

Hace 20 años, la primera experiencia en pro de alzar la Stanley Cup no fue sencilla de digerir. La historia colocó en frente a dos organizaciones con actualidades distintas; por un lado, los capitalinos se metían en su primera final, gracias al entusiasmo de dejar en el camino a conjuntos como los Bruins de Boston y Senators de Ottawa.

Al hacerlo, se consolidaba un combinado de alto mercado, victoria plácida para la liga, sobre todo en sus esfuerzos de hacer del hockey un deporte con rédito e impacto en más sectores del territorio nacional.

Liderados por Peter Bondra, con 52 anotaciones en la campaña, los Capital mantenían la esperanza de ser un debutante de alta talla en series por el título. Pero el destino, nuevamente el destino, puso sobre la mesa sus propias acciones.

En esa final, el rival sería nada menos que los Detroit Red Wings, una referencia del deporte en el país y que venía de celebrar en la 1996-1997.

Un reto imposible

Lo que debía ser una discusión pasó a ser un simple monólogo. El cuatro de la Ciudad Motor no dio tregua a su contrario en la definición de la campaña y se alzó con la copa en el mínimo de juegos requeridos.

El golpe se sintió desde el primer choque y los Capitals no encontraron la fórmula para sacarse de encima el impacto. La realidad los hizo abrir los ojos, pero ya era muy tarde.

Lo ocurrido en el aquella campaña no era para menospreciar; sea cual fuera la disciplina es natural ver a un debutante venirse a menos en instancias de tan alto nivel, sobre todo si el que está del otro lado es un combinado tan imponente.

No obstante, verse sin opciones en la mencionada etapa no los amilanó pues sabían que la responsabilidad ahora sería mayor para demostrar que lo alcanzado no era producto de la casualidad ni mucho menos de la suerte.

La estrella conocida

Con un sistema ya plasmado e ideas claras, lo que necesitaba la franquicia de Washington era una fuerza mayor que potenciara a las piezas conocidas y así terminar de dar el salto de calidad. Entonces llegó el momento de abrir la chequera.

En 2001, Jaromir Jagr, un histórico en la NHL, firmó con el equipo un contrato por siete años y 77 millones de dólares. La acción representaba no solo una noticia importante en lo deportivo, también era la demostración que su nivel de mercado era otro.

Así, la conformación de un equipo ganador tomaría tiempo, como todo proceso deportivo normal. Esa condición de fortalecerse y, especialmente, crear el hábito y regularidad tomaría más tiempo de lo normal, pero todo con la firme intención de abrirse espacio entre los equipos de más alto nivel que existe en la liga.

Pero la ejecución no estuvo junto a la decisión. El rendimiento de Jagr no fue el esperado y se marchó en 2004 a Nueva York.

La oscuridad se hacía cada vez más sensible en la capital, pero los fracasos son necesarios para poder encontrar la fuerza que ayude a construir un triunfo. Fue en 2004 cuando los Capitals finalizaron con la segunda peor marca de la liga, el fondo que debían tocar para esculpir la obra maestra que este año fue revelada.

Tras altibajos, la confianza en la plantilla se fue cimentando. Apostar por las bases fue la mejor acción de la gerencia capitalina y sus frutos finalmente brillaron. Entre 2007 y 2011 se hicieron con su división, el hábito esperado, hacer del triunfo el día a día.

Pero faltaba el gran golpe en la mesa. Saberse exitoso no solo era una sensación, también debía darle el destino un trofeo para nunca olvidar. Y sucedió cuando se hicieron con la Copa en el quinto juego de la final contra los Golden Knights de Las Vegas.

El destino, ahora sí, compartió los mismos planes que los Capitals.